Autohistoria

Ya tengo otro cuaderno. Hoy recordé que hace más de diez años escribí una novela. Está por ahí sepultada entre las pilas de libros y papeles que me rodean. Quiero que escribir se vuelva una forma de autoexploración, una autohistoria de mi propia teoría que no existe. Tengo ganas de ir a un congreso académico y empezar mi exposición diciendo “Estoy harta. Estoy muy harta de todxs ustedes, de sus mentiras, de sus hipocresías y su falsa ciencia de mierda”. Todavía no me animo. Los últimos tiempos aparecen como un juego de espejos que refleja distintos momentos de esta vidita horrenda y autoficcional. ¿Cómo hago para dejar de existir e irme a vivir a la literatura? ¿Cómo hago para huir, tal vez simular mi muerte, y que nadie vuelva a encontrarme? Recién, mientras escribía esto una araña caminó sobre mi mano de uñas pintadas de rosa. Hace años eso me daba miedo. “Te caminó una araña” me decía mi abuela para explicar lo que le pasaba a mi piel o mis labios. Hoy me caminó una araña y la uña destelló en ese rosado con brillos. Los momentos se reflejan de diferentes formas. Hay una sensación de algo inminente y gigantesco que va a ocurrir(me) en este contexto de caos y apocalipsis. ¿Cómo hago para autoexplorar en este ir y venir del pasado al presente? ¿Cómo hago para no arrancarme los ojos? Sobreviví gracias a la ficción, pero eso me hizo, a veces, una marica adicta a la ficción. ¿Qué queda de nosotras cuando ya no nos conocemos? ¿Qué queda de una historia inventada como una telaraña que yo misma tejí? Hace años tenía otro alterego, Juan Facundo, la araña. Ella sabía tejer muy bien. Lo que nunca supo es que tejía ficciones que, a veces, fueron espacio de supervivencia. Y otras veces fueron una prisión. ¿Qué queda cuando nos miramos y dos muros de cristal nos separan y sólo hay miradas de tristeza? La ficción me salvó la vida. Pero también me atrapó. Me dejó rota y fallada y respondiendo a las preguntas de un psiquiatra y jugando solx y niñx en mi habitación medio alejada. Vuelvo al presente y se me escapan las lágrimas un par de días. Después, sólo quedan los muros que nos desnudan. Porque cuando las ficciones se terminan o mueren ya no hay mucho más que algo que parece dolor en la garganta. Yo escribo páginas y páginas en mi cuaderno. Quiero mirarme, encontrar algo en mí misma. Hay algo en ese placer de la enunciación marica que todavía saboreo aunque haya pasado tanto tiempo. ¿Será por eso que estoy escribiendo así? Hay algo ahí de comprensión del caos. O caos dicho de esa otra forma que está por ser revelada. De una escritura que no me sale clara. Y siento el latido en mi ojo derecho. Esa es la bruja, la abuela, que algo me quiere decir. Detrás de mis ojos están mis lágrimas y mi furia, mis frases, mi tormenta, ese enojo que acumulo hace siglos y se me atragantó durante mucho tiempo. Y así y todo sigo siendo como Madame Bovary. Y me vuelvo literata y estúpida ¿Qué Madame Bovary voy a ser? ¿La de los mundos imaginados o la que toma arsénico? Pienso en mis fantasías de autodestrucción, en las fantasías de catástrofe que me abren el culo y la boca. Pienso en eso que se llama amor y eso que se llama odio. ¿Qué le pasa a unx niñx marica cuando le piden, le ordenan, le exigen que no sea marica para poder vivir? ¿A dónde se va esx niñx marica?  ¿Puede vivir esx niñx marica? ¿O lo ahogaron tanto que está muerto para siempre? ¿Eso explica todas las veces que me asfixiaron? Las veces qué mi garganta se sentía raspada por una rama de ese jardín que me arrancaron, que prendieron fuego. En el reflejo que viene de atrás de los ojos siento la verdad de lxs otrxs. Los ojos de otrxs niñxs maricas ejecutados para que no puedan volver. No quiero escapar del yo. Ni de mi misma. Quiero ser todo. Todo y nada. Ver en los ojos separados por murallas como se cagaron en mi vida. En mis ganas de jugar y sonreír. Como me asesinaron y seguí viva como una criatura muerta que intento autodestruirse una y otra vez. Una criatura que odió su cuerpo y quiso romperlo. Una criatura que mira a los ojos y siente como te cagaste en la vida marica que me arrancaron. Las telarañas están hechas para atrapar. Yo tejo mis propias telarañas como forma de huida, como modo de supervivencia, como hábito marica. Tejo una alfombra marica en la que acostarme y olvidar un poco que, en el fondo, lo único que me queda es seguir siendo unx niñitx marica que espera que lo abracen y nunca más le digan que para vivir tiene que cortarse la garganta y dejar de hablar. Y aunque suene extraño hoy no tiene lágrimas para escribir. La estupidez me las secó. Y en ese momento en el que siento algo gigantesco rodeándonos no me quedan muchas más opciones que seguir haciendo lo que siempre hice para poder respirar y sobrevivir: escribir, escribir hasta que mis palabras se confunden con música y enunciación, en voces, latidos, sangre, escribir con la sensación de la abuela muerta en el ojo derecho, escribir como forma de habitar el mundo y olvidar los golpes y la mentira y la estupidez. Escribir para que el niño marika ahogado salga del mar y siga respirando. Tal vez sea oxígeno. Tal vez sea que aprendió a respirar bajo el mar. ¿Será por eso que siempre me gustó tanto el mar y el agua? ¿Será que cuando nos ahogamos lxs niñxs maricas solo esperamos voces humanas que nos despierten? Y ahí el poema dice que nos ahoguemos, pero yo pienso en que nos abracen, el abrazo que una mariquita necesita para sobrevivir a una vida que no la quiso respirando. El abrazo que me abre los pulmones a otras formas de respirar en este mundo horrible.

Nota: Este texto también va a ser publicado como Fanzine por editorial Tolomochxs en la colección horóscopo, bajo el título “Aquario”.
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La caverna

La canción dice que salga de la caverna
La caverna de mi monstruo
La caverna en la que me ocultaron
En la que me diagnosticaron
Escribir la caverna
Atrapando ese instante
En el que abrí los ojos
Y la luz me cegó.
Sin corneas ni caricias
La infancia de un monstruo
La niña marica del genocidio
Que violaron en una tarde soleada
La canción es el instante
Es la violencia, son las palabras
Las palabras maricas de mi infancia
De nuestras cavernas
Maricas muertas que renacen
Como los cadáveres putrefactos
Que nos van a vengar
A todas.

Palabras marikas

Esos momentos en los que el mundo se detiene. Esos momentos en los que me doy cuenta de cuán fallada estoy. Cuánto me va a costar salir de mi cuerpo. Esos momentos en lo que preferiría dejar de respirar. El reflejo de mis palabras maricas contaminado y admirado. El reflejo de mi desmayo y mis lágrimas. Algo gigantesco y monstruoso me rodea y está apareciendo en mis palabras. Apareció ayer en dos momentos. Es el final de algo que renace de las cenizas maricas de mi infancia arrancada a dentelladas. Y los momentos se cruzan y el mundo se detiene un instante y una ficción de autodestrucción quiere entrar por mis ojos y asfixiarme. Pero ahora hay una diferencia, vivir en la ficción me dio herramientas para tragarme todo. Y vomitarlo como las palabras maricas más maricas y más floridas que me salen del culo. Y me lleno de lágrimas, por supuesto, pero hay que tener cuidado con mis lágrimas. Porque las lágrimas maricas pueden ser peligrosas. Aunque no de esos peligros que me acechan. Hablo de otro tipo de peligros. En esos momentos que el mundo se detiene me estallan todas esas cosas que me arrancaron en otra vida y quieren volverse una ficción de autodestrucción. Pero no hay que olvidarse que estamos hablando de una ficción. Porque las palabras maricas las vomito yo después de meterme los dedos en la boca y el culo. Y son las palabras más maricas y más hermosas que me pueden salir. Y cuando veo el reflejo de esa ficción entiendo que ya no va a poder entrar en mis ojos. Por una simple y marica razón. La autodestrucción soy yo. Y no es una ficción.

Textos

Textos leídos en la lectura-performance realizada con La Resentimiento en la Drag Fiesta de La Plata, el 21/09/2018.

(el primero y el último son elaboraciones para la ocasión, los otros dos son textos anteriores reutilizados)

UNO

Esta es la historia de La Resentimiento y Miss Cordillerita, que se odian. Se odian tanto que lloran lágrimas de sangre. La historia de dos señoras mayores que se pelean por el dildo doble y se meten cosas por el culo, dildos, chocolates, personas, chorizos de Chacabuco.

Y la historia empieza con Miss Cordillerita viajando en colectivo. Miss viajaba feliz con el culo abierto de un par de pijas que le habían entrado. Y en medio del viaje Miss Cordillerita se despierta y escucha a una pareja, muy mayor, casi tan mayor como Miss, que hablan. Él se llama Rogelio. Ella se llama Elida. Rogelio parece que se mea encima. Ay sí lluvia dorada sí. Y apenas puede caminar. Pero va y orina. Hmmmm, orina. A La Resentimiento no le gusta tanto la lluvia dorada pero a Miss alguna vez le ha gustado mucho. Hmmm

Pero volvamos a la historia: entonces, Rogelio mea y vuelve con Elida, y le pregunta a Élida  “¿Cuánto falta Élida?” y ahí Élida se vuelve La Resentimiento: Me asfixias Rogelio me asfixias, me asfixias, dejame vivir Rogelio, me ahogas Rogelio, no me dejás respirar Rogelio, tirate  a un pozo Rogelio”. Y Élida se saca su máscara y es ella La Resentimiento que nos mira con mucho resentimiento, tanto resentimiento como el de ese rostro.

TRES ESCENAS DE LA VIDA DE MISS CORDILLERITA

Escena 1: Miss Cordillerita es tierna e inocente. Y pura y pasiva. Se deja coger y te coge furiosa. Se le abre el culo como una flor y se excita. Te cubre de pelos y saliva tremenda. Miss Cordillerita y su flor. 30/03/2018

Escena 2: Miss Cordillerita baila sola y desnuda otra vez. Transpira. Juega, gime, sonríe, escribe, se besa. Está viviendo algo que nunca hubiera imaginado. No se trata simplemente de otra crisis en la vida de Miss Cordillerita. Esta vez Miss Cordillerita está abriendo los ojos y mira a la bestia y la besa y le refriega el culo en su hocico peludo y baboso. Miss Cordillerita se despierta y se da cuenta que todavía le quedan restos de glitter en el pecho y en el culo. 01/04/2018

Escena 3: Miss Cordillerita se toca el bigote y sonríe. La cogieron y siente todavía su flor abierta. De a poco, está resignificando sus creencias. Miss Cordillerita poderosa, petera y vital, Miss Cordillerita que ladea la cara y usa gorro por el frío. Y canta, grita, gime, se adormece y cierra otro libro. Miss Cordillerita que traga, traga todo, comida chocolate, libros, dedos, pija, leche, Miss Cordillerita, una niñita putx con muchas ganas. Muchísimas. 02/04/2018

RELAJATE VOS PODÉS O PENSÁ EN EL FIST-FUCKING

Quedé toda blandita. Que me entra y me sale todo. Que me desubjetivizan y me hacen gemir, que no puedo y me dan fuerzas. Una pija en el culo y otra en la boca. Me atraganto y me buscan y ya no estoy. Y no sé qué ni cómo pasó. O lo sé perfectamente. Dos pijas adentro y se me rompe la mente y se me sale la vida. Dos pijas adentro y mi mente cogida y mi sujeto que ya no está. Y después el cosmos y me olvido de la existencia mientras me dicen “relajate, vos podés” y “pensá en el fist-fucking”. Enajenarse, imaginar que se me escapa el espíritu y me rajan. Se me olvida el universo y ahí estoy. Nos ahogamos y somos cuerpos que se recuerdan y se vuelven agua y río y vida y ganas de todo. 03/02/2016

MISS Y ROGELIO Y LA RESENTIMIENTO

Para esto tengo que explicar algo. ¿Qué es el despeño diarreico? Se explica así: te aguantás, te aguantás, te aguantás y se suelta todo, una gran marea o una oleada que se lleva todo.

Y en otra historia Miss Cordillerita se cruza con Rogelio y Rogelio es puro deseo y calentura  y Miss dice vení Rogelio, asfixiame, asfixiame con el culo y con la pija, no me dejes respirar Rogelio, cogeme, entrame, Rogelio entrá y haceme un feto acá adentro así puedo abortarlo por el culo y cagar en el pañuelito celeste de las dos viditas mi feto todo hecho de mierda. Vení Rogelio, chupame, mordeme, cogeme, dame por el culo y por la boca, y venite con La Resentimiento y cójanme entre las dos, por todos los agujeros, adentro y meada y llena de yibre que se me sale por los ojos, dale Rogelio vení, metete en mi pozo profundo en el que entra todo, este culo universal que se traga todo y te pelea el orden de la vida y estalla todo hacia afuera pidiendo más maricas que nos entren y nos abran y rajen todos los agujeros. Como un gigantesco despeño diarreico que queme el cis-hetero-patriarcado.

Niñita marika playmobil

Cuando era una niñita marica me regalaron un playmobil. Fue uno de mis juguetes preferidos como niñitx putx. Era una nena playmobil con un triciclo. Con un vestidito amarillo y piernas blancas. A mí me gustaba mucho. Jugaba en otro mundo. Aislada, sola, juntaba la nena playmobil con otrxs compañerxs juguetes e inventaba historias dramáticas e increíbles. Inventaba mundos. Porque me costaba mucho respirar. Y en esos mundo había mucho aire, mucho oxigeno, no me raspaba algo en la garganta como me pasó durante mucho tiempo en el afuera. Tuve que escaparme a ese mundo para poder sobrevivir. En el exterior siempre fui muchas lágrimas. Adentro respiraba. La nena playmobil era mi favorita. La llevaba a todos lados. Me gustaba metérmela en la boca y tenerla ahí, entre un beso y una forma de devorarla. Le puse un nombre que nadie entendía. Un nombre que sólo yo entendía y tenía que ver con mantenerla ahí, en mi boca, conmigo, en mis labios de niña marica. Hace poco abrí una caja y ella estaba ahí. Cuando escribo, me lleno de lágrimas. Pero hay aire. Son casi como los mundos esos de la nena playmobil con su triciclo. La nena con su vestido amarillo que ya está un poco ajada y se cae. No se logra mantener parada. Esa nena playmobil que tenía mundos donde respirar con un nombre que sólo yo entendía. Porque esa nena playmobil marica soy yo.

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La teoría de Medea marica

¿Te acordás cuando tipeabas como una enloquecida y esa era tu escritura? Cuando las preguntas eran una forma textual de soñarme. Hace años me miré al espejo y el yo me devoró. Ahora no puedo escapar. No quiero escapar. Me refriego el yo por el cuerpo y me da placer. La realidad se vuelve un bombardeo maniático que me cierra los ojos y me atrapa en el caos que me rodea. Pero ya no es caos con “c”. Es otro caos. Es ese caos de estar a punto de parirte. De ser parida como si fuera un árbol hermoso que está seco como el jardín de flores marica que alguna vez fui. Y ahora pelea por volver a brotar en la flor roja de mi ventana gris. La mujer que canta falleció. Se suicidó hundiéndose en el océano como Medea en el cuento que escribí en otra vida. Yo quería escribir un cuento. Yo quería escribir una vida. Yo quería escribir mi teoría. En su lugar apareció esto, el texto crítico en el que me hundo como un pantano que me abraza y mira desde unos ojos profundos que es lo único que no pudieron llevarse. Hay una leyenda que dice que ella renace de las cenizas. De mis cenizas maricas supimos vivir aunque ya no quedaran jardines ni flores. Por suerte, quedaba la escritura que nos salvó la vida. Esa que nos convierte en una maravilla y nos hechiza como Medea cuando asesina a los hijos. Como Medea cuando escribe su libro. Como Medea cuando escribe teoría. Como la Medea marica que asesina a sus plantas una y otra vez. La Medea marica soy yo. Me gusta esa Medea, la Medea que estrangula a sus hijos con placer. Es la Medea que me hace sonreír. La Medea marica del placer. Siempre fue una Medea que se asfixiaba. Pero esta vez algo es diferente. La flor está viva en la ventana triste. Abro la boca y siento los labios y la saliva. La flor está sucia, pero vive. Abro la boca y respiro. Medea se tenía que ahogar. Medea marica no había podido nacer. Algo es diferente. ¿Será que la teoría del pantano de Medea la llena de miedos pero está viva en esos ojos profundos de marica puta y embarrada que miran con el rencor de siglos en sus venas?

Bichito de luz marica

Esto no me lo acuerdo muy bien. No sé cuánto es recuerdo mío, invención o recuerdo ajeno. Pero hay algo que me contaron y yo recuerdo. Y algo hay en todo eso, una sensación que sentí muchas veces después. En el jardín de infantes los niñitos normales tenían un acto o una fiesta o algo con disfraces. Madre siempre quiso que su primogénito brillara, su hijito bueno y tranquilo, el niñito que nunca molestaba. Padre lo dijo hace no mucho tiempo en una charla. Fuiste un niño muy bueno. Tal vez demasiado bueno. Por algo en mi sangre siento el odio de décadas acumulado en un cuerpo no demasiado grande. Volvamos a los disfraces. Madre siempre me hizo los disfraces más brillantes, más resplandecientes. El disfraz perfecto para un niñito puto. Esa vez fui de bichito de luz. Mi traje verde tipo catsuit con alas y guirnaldas brillantes todo en verde. Debe haber sido uno de los trajes más bellos y sinceros que tuve que usar en toda mi vida. En ese trajecito tan pequeño, tan brillante, tan marica, el niñito puto se sentía a gusto. Las fotos atestiguan que era un bichito de luz marica muy bello de ojos gigantes y asustados. En la fiesta del jardín de infantes estaban todos los niños normales disfrazados de personajes de cuento de hadas o algo así. Y bailaban en una gran ronda todos tomados de la mano, los duendes y las princesas. A mí no me dejaron entrar. Al bichito de luz marica no lo dejaron entrar. No lo dejaron bailar con el resto en su ronda de niñitos normales. ¿Habrá llorado el bichito de luz marica? Seguramente. Ese día el bichito de luz marica se sintió muy solo. Muy afuera. Y el niñito puto empezó a aprender que se sentía cuando no te querían en algún lugar. En alguna caja todavía conservo ese disfraz. Es un poco como si fuera mi verdadera piel. Esa que me arrancaron y quisieron quemar. La imagen del bichito de luz marica es parte de quien soy, el bichito de luz marica, todo verde y brillante en su traje ajustado, solo, expulsado. El bichito de luz marica, niñitx putx en un rincón solitx, llorando. Muchas veces sigo siendo ese bichito de luz marica. Pero ya no estoy sola en ese rincón.

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Aborteras

Estos últimos días estuve hablando mucho con madre sobre sus abortos. Como marica con cuerpo no gestante, no puedo decir mucho sobre la experiencia del aborto en primera persona. Pero puedo relatar cosas de esta charla con madre que dicen mucho sobre los relatos que todavía tenemos que recuperar. Pienso en una frase que leí recién “Aborto. Aborto. Aborto. Decirlo tantas veces como se las calló.” ¿Servirá de algo escribir? La pregunta siempre nos ronda. En la historia familiar nunca se ocultó que madre se practicó varios abortos. Pero no fue algo que hayamos charlado mucho. Tengo el recuerdo de que madre siempre fue abortista. Y un recuerdo difuso sobre la abuela Berta, algo de la abuela bruja y curandera que tiene que ver con el aborto. Recuerdo un cuento de madre que tenía que ver con una parienta que abortaba y ocultaban el episodio. Recuerdo haber ilustrado el cuento. Algo de la historia de la abuela Berta estaba en ese cuento. Mi familia siempre fue abortista. Madre y padre siempre creyeron en la libertad. Y en que nadie puede elegir por sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas.
“¿No te jode saber secretos oscuros hijo?” me dice madre. Y pienso en que no hay nada de oscuridad. Hablamos mucho estos días de eso y le cuento que quiero escribir algo con toda esta información. Madre se practicó tres o cuatro abortos. No recuerda ninguno como algo traumático. La historia de la mayoría es habitual: realizados en clínicas en el sur en momentos en los que quedó embarazada y no quería tener hijos. Pero cuando me cuenta la historia del primero se nota su fortaleza (ella la llama inconsciencia) y lo afortunada que fue.
Ese primer aborto fue a los 16 años. La familia de madre era una familia de “cabecitas negras” (de algún lado me viene el odio de clase que tengo muy adentro). Una familia santiagueña que se trasladó del interior a Buenos Aires. Mi abuela, Berta, fue sirvienta, portera, bruja, curandera, abandonada por el esposo en los años sesenta con tres hijos chicos. Abandonada, humillada y en crisis. Ese señor que conocí como en el 2000 y vi una sola vez en mi vida. Ese señor la abandonó con tres hijos, se llevó todo lo que tenía y le dejó un montón de deudas. En ese momento fue que tuvo una parálisis facial. Me acuerdo de madre siempre teniendo miedo a que se le paralizara la cara. Todavía pienso en la abuela cuando me hormiguea un ojo. Berta que había llegado hasta cuarto grado en el sistema educativo y escribía con mucha dificultad. Cuando hablamos de todo esto con madre recuperé una imagen de Berta que no tenía. Madre, la hija más morocha y cabecita negra, fue una adolescente muy rebelde. Y a los 16 se quedó embarazada de padre.
Madre trabajaba de 14 a 20 como cadete, controlaba el ausentismo y servía el té en una obra social de un sindicato. Padre trabajaba en una fábrica. La abuela Berta se encargaba de las tareas de maestranza en una clínica y en un organismo educativo. Mi tía trabajaba en una fábrica de productos de cuero. Según madre en ese momento estaban mucho mejor que unos años atrás. Madre intentaba terminar el secundario a la mañana (alguna vez que hablamos me dijo que ella nunca fue a la universidad porque no sabía que existía algo así).
Madre cuenta que de adolescente no tenía información sexual. Que era muy ignorante (¿será por eso que siempre hablaron tanto de educación sexual con sus hijos?). Cuenta que su hermana mayor le explicó algunas cosas. Y en el año 76, con 16 años, queda embarazada. Cuando se da cuenta del embarazo lo hablan con padre y no quieren tener un bebé. Madre no quería tener un bebé. Así lo dice hoy en día madre, “yo no quería un bebé. Quería ir de mochilera con tu padre a Estados Unidos. Estaba de dos meses y medio o tres.”
Ni juntando todos los sueldos llegaban a pagar el aborto. A eso se refiere cuando habla de algo carísimo. Sus dos mayores preocupaciones después de decidir no tenerlo (a los 16 años, no me la puedo imaginar tomando decisiones así a los 16) era hablar con su madre y conseguir la plata. La respuesta de la abuela Berta la sorprendió. Le dijo que tendría que habérselo dicho antes. ¿Y la plata? Juntaron todo y no conseguían. “Era carísimo” repite una vez y otra madre. Abuela tenía dos trabajos, padre y madre los suyos. Y no lograban juntar. Madre recuerda que la abuela vendió unas joyas de oro y así llegaron a juntar lo que necesitaban. A mi abuela siempre le costó quedar embarazada. No sabemos con certeza cuáles de sus tres hijos fueron biológicos y cuales adoptivos. Hoy en día ya no importa. Pero en el relato de madre no hay dudas del apoyo a su hija. Si vendió joyas de oro deben haber sido las únicas joyas que tuvo en toda su vida. La abuela consiguió una médica que lo iba a hacer. En un consultorio particular. Madre recuerda estar esperando con Berta a que la atiendan cuando cae la policía. En la sala de espera había tres madres con sus hijas. Le habían hecho una denuncia a la doctora. Se las llevaron a todas a la comisaría y las interrogaron por separado. Todavía se pregunta cómo fue que ella y Berta dijeron exactamente lo mismo, “habíamos ido a tomar el té y charlar”. El problema, recuerda madre, era que yo era menor de edad. Después de los interrogatorios las dejan ir. No sabe qué pasó con la médica ni con las otras chicas. Aunque el consultorio fue clausurado. Pero después la abuela se enteró que al mes estaba funcionando de vuelta.
Dos días después la abuela Berta consigue otra médica. Una que hacía los abortos en un consultorio en su casa. Madre se acuerda que fue algo así como un parto inducido. Que se queda acostada con un suero y después un remedio para provocar las contracciones y listo. Me repite que no lo vivió como algo traumático. La abuela Berta tenía miedo de dejarla sola pero la tuvo que dejar en lo de la doctora. Llegaron a las tres de la tarde y la médica explicó todo el procedimiento, a las cinco la abuela se tuvo que ir porque era en un lugar muy lejos de donde vivían. Como por Longchamps o por ahí. Ahí la médica la acuesta, le da sopa y té, madre se queda acostada leyendo hasta la medianoche con el suero puesto, después hubo un dolor de panza, la médica mandó otro remedio por la vía del suero y cinco minutos después ya estaba. Después de eso la curó y la limpió y la dejo descansando. Durmió hasta el día siguiente que la abuela la fue a buscar al mediodía. Y no tuvo dolor ni problemas posteriores.
Pienso en la suerte de madre de haber tenido todo ese apoyo de su madre, mi abuela, Berta. Y ahí se acuerda de otra cosa. Berta, curandera, bruja, algo tenía que ver con los abortos, “La abuela daba una inyección por vena hasta el 70 y pico”. Una inyección para abortar me aclara. Dejó de darla porque una parienta casi se muere y tuvieron que ir corriendo a una guardia. Madre cree que ahí se asustó y no dio más. La historias de la abuela Berta abortera están ahí, dando vueltas como relatos incompletos. Como si el aborto fuera un saber de brujas que se ayudan las unas a las otras. Y ahí me acuerdo del cuento que madre escribió y yo ilustré.
Cuando la abuela Berta fallece yo la odiaba. No hacía mucho tiempo me habían contado algo que me parecía espantoso. Madre había sufrido acoso y un intento de abuso por parte del que en ese momento fue pareja de Berta, madre era preadolescente. Cuando madre se lo contó a Berta, ella no le creyó. O no quiso creerlo. O no pudo creerlo. Esa pareja les había conseguido trabajo a todxs. Madre me dice que hoy en día no lo juzga. Mucho tiempo después supo reconciliarse con su madre. Cuando fallece yo me había enterado de eso no mucho tiempo antes y la odié. Hace unos años dejé de odiarla. No me corresponde a mí juzgar lo que haya tenido que hacer mi abuela para sobrevivir a la vida que tuvo. Quizás el odio venía de la mezcla de esa abuela bruja que siempre me quiso y esa madre tan difícil que fue para sus hijxs. Cuando madre me contaba todo eso de su primer aborto recuperé una imagen de mi abuela que nunca había tenido. Una abuela Berta madre que ayudó a su hija a abortar en clandestinidad pero protegida. Madre podría no haber tenido tanta suerte. Por suerte estuvo la abuela Berta ahí. Y pienso otra cosa. En esa seguridad de madre a los 16 años de no querer tener un hijo. Yo siempre le discuto que cuando me tuvo a mí a los 21 no podía tener mucha idea de planificación, de querer tener hijos, etc. Y ella siempre me repitió que eligió tenerme. Cuando charlamos todo esto me resulta mucho más comprensible y claro en su relato.
Yo tengo el recuerdo de que padres siempre fueron como referentes de todo lo desobediente, marginal e incorrecto en la familia. Y una vez me acuerdo que yo estaba con ellxs cuando hubo un llamado de unos parientes, mucho más jóvenes y hablaban de algo que yo no entendía. Yo era una mariquita preadolescente que tenía muy pocas ganas de vivir, encerrada en una vida horrible. El llamado tenía que ver con el aborto. Con pedir ayuda, consejo, palabras, respecto a hacerse un aborto. No querían ser padres. No todavía. Tengo la sensación de que esos parientes sentían algo de culpa. Como yo estaba ahí me explicaron todo. Esos parientes no tenían nada de información. Como madre y padre mucho tiempo antes.
Yo vengo de una familia que a veces parece escapada de una película muy dramática. Llena de secretos oscuros y medias verdades. El mundo me arrancó todos los pétalos y me encerró en una caja que durante mucho tiempo fue un ataúd. Pero mi familia, con todas sus contradicciones, me dio herramientas para ser libre. Para recuperar todas las flores que quise y puedo ser. Cuando pienso en que vengo de una familia sin abuelos, una familia de mujeres que sufrieron mucho, me doy cuenta que hay muchos relatos que no pudimos enunciar ni decir. Y escribir se volvió una forma de recuperar nuestros relatos. Una forma de sobrevivir.

Me arde

Me arden los ojos
Me queman
Se me cierran
¿Será que ya no estoy?
Me arden los ojos
Me abrasan
Me abrazan
Ojos con hambre
Ojos con miedo
Me arden los ojos
¿Será la herida?
Me lagrimea
Quema
Me arden los ojos
Y la herida

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