Archivos Mensuales: junio 2010

Sonrisas

-Emanuel: te escucho del otro lado de la pared. Esta pared blanca y fría. (Toca la pared). Te escucho hace días y no puedo dormir. No puedo dejar de pensar en vos. Del otro lado. ¿Podés escucharme?

-Bruno: (Del otro lado de la pared) ¿alguien me habló?

-Emanuel: No, no me escuchás, es imposible que me escuches. Soy nadie, soy tu vecino que te ve todos los días y apenas puede hablarte. Te veo y me paralizo. Te escucho del otro lado y no puedo dormir. Te siento y creo que voy a enloquecer. No puedo dejar de hablar solo. No puedo hablarte. (Llora)

-Bruno: (Abre la puerta y entra otro hombre, se besan)

-Emanuel: ¿podés sentirme?, ¿podés mirarme?, ¿estás ahí? Por favor, quereme, anhelame, deseame. Estás tan lejos y tan cerca. Me gustaría que el otro no existiera. Me gustaría ser valiente y dejar de hablar solo. Me gustaría poder rajar esta pared y romperte.

-Bruno: (Habla con el otro hombre, no se entiende lo que dicen, se sientan en un sillón y abrazan, siguen conversando)

-Emanuel: No puedo seguir. No sé cómo seguir. Cómo dejar de mirarte. Cómo dejar de esperar que estés del otro lado. Que me veas, que notes mis ojos enrojecidos, que sientas mi mano y me abraces.

-Bruno: (Sale de la casa con el otro hombre. Sonríe y apaga la luz)

-Emanuel: Te fuiste. Ni siquiera te tengo del otro lado de la pared. Estoy muerto y olvidado. No hay forma de continuar. No puedo dormir. No quiero dormir. Porque dormir significaría estar muerto. Y yo no quiero morir. Por favor, no quiero morir. Por favor, no me mates. Por favor, abrazame. Por favor.

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Pieles

Hace años, cuando el hombre estuvo conmigo, me hizo ver el cielo y después me destruyó. Hace unos meses, el paraíso se incendió. Nunca tuviste el paraíso. Pocos entienden a los ángeles. Te lleve al lugar del que fui arrojado. Y nos unimos. Hasta que todo estalló y nos convertimos en otro. En otros. Que no se quieren, no se anhelan, en otros que no son. Ni van a ser. Yo soy otro, no puedo comprender todo esto que se incendia y vuela a mi alrededor. No puedo comprender que todo se desintegre, que las baldosas se deshagan mientras camino. Pero acá sigo, en medio del desorden. Ya no te busco. Porque te asesiné. Ahora soy un ángel oscuro. Dispuesto a destruir. A todos. Temblar. Porque regresa el amor. Y el amor de un ángel es fatal. Como mis ojos. Como mis dientes al desgarrar. Al arrancar tu piel y saborearla.

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Ser Gaspar

Ser Gaspar. Aunque nunca haya escrito su novela. Gaspar se enamora todos los días. A veces apenas por unos instantes. Otras, menos, se obsesiona y no puede dejar de pensar. Y anhelar. Y sonreír. Y llorar. Por supuesto, Gaspar se enamora de cosas imposibles. Cercanas, lejanas y desconocidas. Hombres bajos y hombres altos. No puede dejar de enamorarse de ciertos hombres. De uno en particular. O de dos. O de tres. O de ese otro que no ve pero cada vez que se lo vuelve a cruzar lo deja pensando, lo deja con ganas de besarlo, abrazarlo, acurrucarlo. Gaspar se acerca y se enamora de otro hombre triste. Se enamora de un árbol. De una barba. De un par de ojos maravillosos. De algo imposible, intangible y silencioso. De algo cubierto de pintura y desconocimiento. De algo azul. De una noche estrellada y deseos de volar. Gaspar no puede evitarlo, no desea evitarlo, aunque no se atreva a decir su amor. Porque caer en el caos con tazas de café y mate tiene su encanto.

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La nota

Anoche, Miguel se sentó y por primera vez en su vida escribió una nota. Cuando terminó la prendió fuego y miró las estrellas. Esta es la nota:

Me gustaría que tuvieras otro cuerpo. Otro nombre y me ames. Borro números del celular y encuentro el mensaje de voz que grabaste cuando lo compré. Sólo dice tu nombre. Nada más. Y no me puedo ni quebrar. Quiero que el día se termine. Dormir y estar muerto. Quiero irme muy lejos.

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Diario Público CCXXI

Te desconozco. A veces, causa gracia. Lo decimos con S. y nos reímos. Otras, el desconocimiento me angustia. ¿En qué me convertí?, ¿quién soy?, ¿tanto pudo destruirnos la vida y el tiempo?, ¿tan otro? Tengo ganas de abrir el torrente sanguíneo y fluir y que todo estalle.

Rojo

Quiero mirarte a los ojos y arrancártelos. Asfixiarte, destruirte, romperte, desangrarte, quebrarte, incinerarte, prender fuego mi corazón, tragarlo y escupírtelo en la cara.

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Diario Público CCXX

No publiqué todavía lo que escribí esta semana. Algunas cosas un poco violentas. Algo de lo oscuro que hay acá. Poco, pero algo. Soy compulsivo. Tengo arranques de hacer muchísimo algo que disfruto. Y hoy pienso que lo que dije hace unos meses fue un error. No soy histérico. Si fuese histérico no me mandaría como me mando cuando veo un atisbo de magia en alguien.

Diario Público CCXIX

Sí, soy obsesivo. Cuando algo se me mete en la cabeza no puedo dejar de pensar en eso (aclaro: algo o alguien). ¿Tendrá que ver con mi facilidad para enamorarme? No estoy enamorado. Pero creo que me gustaría estarlo. O sentir ciertas cosas. Tampoco voy a regalar mi amor al primero que se me cruce. Seré un petiso inseguro, sexy, poético y fácil, pero últimamente creo que ya no soy todo lo que era. Soy otra cosa. Deberé descubrir qué soy.

Diario Público CCXVIII

Me duele la nariz. Pero ya no me duelen otras cosas. Me enfrento a mi realidad. La miro vestido de negro con un cinturón blanco. Y debería sonreír. Y luchar. Y abrazar. Y darse cuenta. De todo. Debería dejar de sentir que me late la mejilla bajo el párpado derecho. Debería llamarme Facundo. Y descubrir que todo lo que yace debajo es muy hermoso.

Una nube que gotea sangre

Qué ganas tengo de volar. De escribir. De ilusiones que se vuelvan reales. Me duele la nariz. Y mi existencia se convirtió en un gran desorden. Un objeto de afecto. Un abrazo. Comerte. Entero. No puedo escapar del yo. Debería rajar mi espacio y hacer todo lo que tengo que hacer. El tiempo pasa y sangro. Me desangro. Mucho. Creo que no me queda mucha más sangre. No puedo dejar de escribir. No puedo saber. Quedé atrapado en una nube que gotea sangre. No puedo bajar. Mis alas se desangran. Gotean. Alguien. Que me ayude. A bajar. Alguien. Por favor. Alguien.

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