Archivos Mensuales: septiembre 2010

Diario Público CCLVIII

Hace poco pensé en cerrar esto. Me arrepentí. Y no lo hice. Estoy en algún tipo de límite que me gusta pero en algún punto borra una barrera que no sé si es positivo que se evapore. Yo mismo me evaporo día a día. Y si dejo de hacerlo prendo fuego y vuelvo a hacerlo. Y esta semana fue rara. Sentir otra vez por momentos me hace puro de nuevo. Me hace tener la mentalidad de un chico de doce años y soñar con castillos de arena voladores. Y no puedo creer que me quieran. Creo que me cuesta aceptar que hay personas que me quieren. Me gustaría poder hablar con más facilidad de lo que hay acá. De lo que siento. Pero en estos momentos, en estos días que apenas puedo con la realidad, en estos sentimientos, no me quedan palabras. Me paralizo y sólo siento. Y me vuelvo una nube alterada y pura y soñadora.

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Enumeración de realidad 10

La música que se termina y vuelve a empezar una y otra vez, todos mis miedos cargados sobre mi espalda, las palabras que no me salen y los años de destrucción en la frente, papeles, anotaciones, impresiones, correos, mensajes, libros, una realidad que me tapa y una noche de cine y amigas y presentaciones que me hace sentir querido.

Diario Público CCLVII

Y de la nada enloquezco y me tranquilizo. Un eco que se diluye. Disfrutar algo sin saber muy bien donde quedó mi cuerpo. Reír. Estar. Con vos. Sí, vos. Me tranquilizo y mi semana deja de ser caótica por unas horas. Cargo energías del suelo. Hablo con N. y me siento muy identificado. Hay cosas, como el amor, que me desestabilizan. Pero al mismo tiempo me dan ganas de seguir. De cargarme de realidad y escuchar música en francés que me hace volar.

Literatura

Me gustaría ser un grito. Me gustaría ser voz atragantada que canta mientras llora. Me gustaría ser ficción. Ser la gota que cae por el hueco entre mis labios. Buscar. Palabras que no quiero escribir y vuelven compleja una realidad leída. Una realidad escrita. Violines que cantan mientras mi nariz gotea y la lágrima deja de ser para convertirse en grito. Quisiera ser un gran cantante. Quisiera haberte escrito que me ames mientras los árboles nos tapaban. Quisiera no haber nacido. Querer. Romper. Me gustaría ser un gran escritor. Una gran persona a la que todos quieran. No devenir el monstruo que se cubre de líquido y quiere cantar y alojar llamas de viento indefinido. Dejar de ser un poema para volver a ser ficción. Olvidar las penetraciones y recordar cómo se hacía el amor. Redescubrir en el niño roto mi propio corazón. Renacer con tranquilidad y olvidar que esto es literatura monstruosa. Literatura que se vuelve letra manuscrita cubierta de líquido seminal. Buscarte en el interior roto de una araña. Regresar a la ficción. Por favor, regresar a la ficción. Que se vaya de mi vida. Que se vaya y venga mi mamá y me abrace. Que me lleve y que escribir deje de ser dolor y no haya más voces que se hundan en mi garganta. No atragantarme con la escritura. Que me deje vivir. Que se vaya de mi vida. Por favor que se vaya. Hacer que se aleje y me deje nacer otra vez, olvidar la literatura y todo lo que me hace agitarme y romper y sentir y que se aleje, que me deje escribir ficción, que se vaya de mi corazón. Que no haya más palabras, ni escritura ni poesía, cortarme las manos de un mordizco y que escriba la vida mi lugar muerto. Que el poema no exista, que esto no se escriba, que no me lean, que no me busquen, que no me sientan, que no haya más gotas de líquido en mi rostro, mi cuerpo, mi corazón y la rajadura. Otra vez. Que se vaya. Que la literatura me deje libre. Que se vaya y me deje escribir ficción, que me deje vivir. Que no viva más. Que no haya más cuerpos ni corazones ni deseos ni sentimientos. Que se vaya y me deje escribir ficción con la punta de mis dedos arrancados de un mordisco. Una dentellada limpia de mis dientes deformes que me deje escribir, que me deje leer, que me deje volar y encontrarme con el abrazo  y que se vaya y me deje, y que se lleve mis lágrimas. Que la literatura muera ahogada, asfixiada por mis manos cubiertas de sangre y líquido seminal, que la literatura devenga monstruo y lo ahogue hasta que el fuego la extinga. Que la literatura muera. Para ser libres. Que la literatura me deje. Para recordar el día que fui parido. Que la literatura muera. Que me deje ser ficción, que la literatura se vaya. Y me deje respirar en paz.

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Soy el hijo

Cómo me gusta ser hijo. A veces, las lágrimas no tienen nada que ver con la tristeza. Tienen que ver con sentirse comprendido. Con ser un príncipe. Con encontrar otro príncipe. Con devenir niño sin haber dejado de serlo. Con romper mi corazón y encontrarlo sano y en el mismo lugar. Con sentirte mientras duermo. Con un momento mágico que apenas comprendo. Con olvidar. Con sanar. Con sonreír y disfrutar un cielo cubierto de nubes que me elevan.

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Diario Público CCLVI

La semana se abre a mí después de horas que quiero anotar, escribir, recordar, mantener de alguna forma en mi cuerpo. Y lo hago. No se va de mi cuerpo la sensación. Nunca viví todo con tanta naturalidad. O rompieron tan sencillamente los escudos. Es lunes, me despierto, escribo, leo, limpio, bailo y tengo ganas de hacer todo esta semana. Hay emociones que me hacen bien. Que me limpian. Que me elevan. Que me hacen sonreír.

Diario Público CCLV

No sé muy bien. Cómo definir esto. Es extraño. Pero me conecta con muchísima gente que apenas me conoce. Me gusta lo que genera. Me gusta la escritura. Vivirla, escribirla, elogiarla. Es muy raro lo que fluye y lo que yace. Lo que descubro en una charla mínima. Lo que deja percibir de mí sólo escribir. Sin certezas. Ni verdades. Ni mentiras. Sólo escritura.

Diario Público CCLIV

Tengo sueño. Acabo de despertar de una siesta necesaria. Estos días son intensos. Extraños. Cubiertos de todo. Hablo. Y hablo mucho. Me cruzo con personas maravillosas de las que me gustaría ser amigo. No paro ni puedo parar ni quiero parar. No quiero decirlo pero me termina pasando. Ya lo diré. Es una última cuota de pudor. Tomo café, mucho café, café rico. Y hablo. Y leo. Y hacemos muchas cosas. Y me dan ganas de llamarte. Y te llamo. Y poco a poco me doy cuenta que ya no hay ramas. Y que acabo de descubrir un árbol. Y la letra está un poco borrosa pero se nota igual.

Enumeración de realidad 9

El café que me quema un poco, dos hombres que pasan y se tocan, los dos mensajes eternos que te escribí, el miedo, las ganas de destruir una imagen, el bolso blanco manchado, el texto escrito, las teclas que se mueven, un día largo, mágico, el deseo de tu beso, la imagen en la pantalla que me distrae, las preguntas que tengo, mi timidez, que la disimulo, pero sigue ahí, la espera, leer, sentir, escuchar el ruido del café a mi alrededor con un sólo deseo en el corazón.

Diario Público CCLIII

Bueno. Sí. Eso. Está bien. Ya es obvio. No sé disimular estas cosas. Estos días son adrenalina, pensamiento y ganas. Ganas de todo. De mirarte. De atragantarme con vos. Tengo letra psicópata cuando escribo. ¿Por qué será? Quiero empezar una nueva serie de relatos, “las aventuras de miss cordillerita”, pero después me arrepiento y no escribo. Estos días me confunden. Me inclinan, me gustan. Como el humo en tu boca.

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