Archivos Mensuales: mayo 2011

Diario Público CCCXXXI

¡Cómo cambia la forma en que escribimos! Miro cosas viejas y parecen escritas por otro. Creo que voy a reescribir algo todo y lo voy a subir de a poco. Muy despacio. Y vos me lo corregís. O mejor me corregís los cuentos viejos. Lo que miro no sé cómo lo escribí. Escribo mucho me parece. O no. No sé. Quiero sanguche de salame. Ahora los hago. Te amo. Mientras te bañás y después.

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La Pasión

¿Dónde vas?, ¿estás contento? Tu letra es hermosa. Tu letra y tu brazo y tu cuerpo. Siempre, tu letra. ¿Dónde vas?, ¿por qué no te quedás? Miro y veo el castillo y las ruinas y la muerte. Te veo. Vas a caer mi amor, vas a caer. Quiero llorar. ¿Dónde vas monstruo?, ¿Héctor? Quiero llorar, quiero pensar, dedos, labios, quiero llorar otra vez y otra. Quiero llorar hasta sangrar por los ojos. Héctor. Acá hay algo creciendo. Adentro. ¿Dónde vas monstruo?, ¿dónde vas Héctor?, ¿no llorás?, ¿por qué no llorás?, ¿por qué te miro y no puedo cerrar los ojos?, ¿por qué, Héctor?, ¿por qué? No quiero. No quiero saber. No quiero pensar, no quiero llorar, no quiero nacer, no quiero que se me raje el cuerpo y salga esta cosa de mi interior. Esta cosa que siento crecer. Te amo. Héctor, te amo. Y no puedo soportarlo. No quiero que nazca esto. No quiero mirarte y que te vayas. No quiero nada de esto. Te amo. Te amo y no quiero la oscuridad. No quiero el dolor. No quiero. ¿Dónde vas?, ¿dónde vas Héctor? No te mueras. No te vayas. No me mires. No me ames. Quiero romper todo esto y volver a nacer. Te amo Héctor. Y te odio. Te odio por esto que está acá y crece. Te odio porque no quiero saber. No quiero tu muerte. No quiero la oscuridad. No quiero mirar más tu futuro. Tu odio. Tu muerte. Te odio Héctor. Ahora dormís, te acarició, te odio, te anhelo, siento esto crecer, quiero que todo se termine, quiero comprender, quiero olvidar, no quiero más muerte, no quiero verte cortado en dos por la bestia, no quiero escuchar como te lloran, no quiero llorar más, no quiero. Fue lo último que le dije. Anoche, dormí a su lado. Hoy desperté, lo miré vestirse, lo miré caminar hacia la muerte. Tomé el revólver, le hice mi pregunta y le disparé un tiro directo entre los ojos. Ahora sigue esto, lo que crece. Me queda una bala. Ahora sigue mi vientre. Se siente muy frío el caño del revólver. Lo que tengo adentro se mueve. Quiero apretar.

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Diario Público CCCXXX

Muchas visitas y pocas actualizaciones. No entiendo cómo funciona esta cosa. No me voy a comer más los mocos a ver si así el moco sale para afuera y no me estalla el cerebro. O así. Tengo que escribir. Tengo que postear el primer capítulo de la novela reescrita que no tiene nada que ver pero es nueva. Tengo que escribir muchas cosas y leer muchas cosas y sigo leyendo y me olvido y un libro me gusta y el otro no y panqueque, pizza, permitidos y te amo. Mejor me voy a lavar los platos.

Diario Público CCCXXIX

No tengo tiempo y te extraño, te amo y no tengo tiempo y quiero ir corriendo y te amo y te quiero y te extraño y quiero abrazarte y pija y eso y amor. Te extraño y ahí voy, en un rato, te amo y me olvido que día es hoy y te amo. Y no correr y comer gordo y puto te amo. Y soy agramatical y no acrítico y te amo.

Diario Público CCCXXVIII

El ruido de la ducha, el agua, no termina, espero, acá estoy, quiero un beso, tuyo, escribir, ojos que se me cierran, casi dormido, ganas de sentir tu abrazo, novelas por escribir, cuentos y ganas de seguir planeando y despertar juntos.

Pijas

Se acercan. Ya no tararean. El primero, que no tiene sombrero, mira el farol. La mano del segundo, que fuma, está sobre el farol. El primero lame el farol hasta llegar a la mano del segundo. Silencio y un gemido. No hay nadie en la calle. El segundo, que tiene sombrero, gime muy despacio cuando siente la lengua sobre los dedos apoyados en el farol frío. La luz viene y se va. El segundo tiene el cigarrillo en la boca. Los labios húmedos, expectantes. El primero se acerca, cubre con su boca el cigarrillo prendido y la saliva y la lengua y la humedad lo apagan. Hay dolor. Y placer. El cigarrillo se cae de la boca. No tenés que fumar. Es mejor con velas. Se besan y el primero siente el sabor del segundo. La luz del farol se prende y se apaga. A un lado del farol, una cama, con manchas de sangre. Deseo. El segundo. Sangre. Lo lleva al primero y lentamente lo desviste. Luego él. Una mariposa vuela entre los dos cuerpos y muere aplastada cuando se abrazan. Se abrasan. Muere entre sudor y piel. El primero lubrica al segundo. Entra lentamente. Después fuerte. Los dos gimen. La cama tiembla. El líquido los inunda. El farol se prende y se apaga. Ahora los dos vestidos. El primero tiene una correa que cuelga del collar del segundo. El segundo gime. Le gusta la correa. Y el collar. El farol se prende y se apaga. Llueve. Un paraguas los protege. El farol se apaga. Deja de llover. Se escucha un gemido. Quiero el calor. El farol se prende. Ahora una iglesia y un altar. El segundo tiene una vela caliente que gotea sobre el segundo, acostado sobre el altar. El segundo gime y acaba espumoso, mucho, lejos, siente el calor de la cera caliente en el pecho velludo. El farol se prende. La luz es fuerte. Más fuerte. Y más. Como el golpe. Sólo hay luz. Ahora el primero gime. Y el segundo también. El sombrero desaparece y la luz baja y se convierte en sol. Un bosque junto al farol. Y el segundo que gime. El pensamiento más oscuro no quiere escribirse. Ahora uno de los dos está en cuatro patas, el otro lo lame. Acaban, se sientan en un sillón y leen juntos.

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