Archivos Mensuales: agosto 2011

Diario Público CCCXLIII

Bueno, una siesta de media hora viene bien. Estoy cansado pero descansé. No sé cómo pero habrá que llegar a fin de año. Quiero un cuerpo nuevo. Quiero escribir más. Quiero que la novela de los tres avance. Mejor dejo de decir “quiero” que me repito y quedo así. Tengo hambre y ahora comemos. Y tengo que leer y escribir y no puedo apagarme. Sigo pensando y delirando y volando y leo un libro y me gusta y veo un video y vuelvo a pensar y mejor dejo de pensar y miro fijo el techo.

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Diario Público CCCXLII

Tengo que ir a dormir. Tengo que leer. Tengo que escribir. Tengo que hacer un cartelito. Y comer torta de chocolate. Bueno, eso no. Mejor correr. O intentar correr. O sonarme la nariz. O acordarme de escribir. Mejor me duermo y mañana me levanto temprano y sigo escribiendo y tomo café y me olvido y te beso.

-novela (e)pistola(r)- capítulo tres

Esto viene de acá y acá.

Querida Poronga:

Estoy harta de tu insistencia con qué te responda, ¿quién te crees que sos? ¿porque una vez me cagué encima por estar todo el día sentada escuchando a tus amigas hablando de rejuvenecimiento anal somos amigas? que me hayas limpiado el culo con la mano porque no había papel no te convierte en mi amiga. Eso es sólo ser solidaria. A veces pasa, sos un poco solidaria y dejás de decir que el que mata tiene que morir y que somos todos izquierdistas. Bueno, no sé que querés que te cuente, tengo retortijones, me comí muchas almóndigas y me cago encima. Anoche pensé en usar pañal para evitar la cagalera. Pero me da miedo que se me note, ¿viste que a mí me gusta usar minifalda? no quiero que bajo la minifalda se me note el pañal. Y si es diarrea me chorrea. Me da miedo. Yo no soy tan vulgar como vos que sos decadente y no te importa andar toda meada y cagada. Ahora que lo pienso mejor, tal vez sí somos un poco amigas, pero sos tan voluble, tan pero tan voluble, que una se cansa y te manda a la mierda y no quiere más reclamos. De mi vida no tengo mucho para contarte, un día estamos y al otro día no, lo más importante que me ha pasado es esta diarrea que tengo por haber estado sentada tanto tiempo. Y porque además yo no cago en baños públicos, soy una dama, yo no cago, yo cago flores. No como vos, sucia. Bueno, mejor dejo de escribirte y voy al super antes de que cierre a ver si venden pañales finitos que sirvan para la falda que me gusta usar, esa rojo bermellón que siempre me querés robar porque te combina con tu blusa plateada y tus aros dorados.

Con mucho afecto.

Teta.

Diario Público CCCXLI

Tenía siete minutos y ya no los tengo. Siempre tardo en estar listo. Y ahora tengo frío. ¿O es miedo y pienso que tengo frío? El otro día Loca me decía “la gente está muy mal”. Loca que ahora debe estar nadando como un delfín en las costas argentinas. Tengo que ir a dormir y mañana tengo dentista y libros y sueño y no escribí. Y la choripeteponencia no se escribe sola. No importa. Algo se escribe. O algo hay escrito. O en algún lugar hay escritura. Hoy leí y ayer también. Pero siento como si no leyera. Siento al tiempo raro. Mejor me acomodo en tu pecho mientras miramos tele y hago como que me duermo muy despacito.

Amor poronga

Tengo ganas de escribir para decirte que te amo. Hay una canción parecida a eso. Te amo, te amo hasta las lágrimas. Te amo y no hablo ni escribo ni sueño. Sólo te amo. Cursi, de colores y lleno de cosas. Te amo con pija emierdada y con fist fucking. Te amo con cagalera y dolor de panza. Te amo cuando sonreís y cuando llorás o cuando escapás y llorás en otra parte. Te amo cuando me abrazás y me decís. Te amo cuando hablás. Cuando me mirás. Cuando comés. Te amo gorda y tragona. Te amo petera y te amo malhumorado. Te amo cuando me voy y te extraño. Te amo cuando me abrazás mientras dormimos. Te amo cuando bailás. Te amo fresca y te amo poronga. Y ya no sé qué escribir ni como terminar y mejor dejo de escribir y termino y te escribo y te digo y te amo.

Capítulo 3

Creo que se pierden algunos capítulos en esta parte. Hay dos errores y dos escritos perdidos en un cuaderno con dos tapas iguales. No importa. La enfermera ya dijo que se llamaba Agnes. La enfermera, el ave, las plumas negras. El dolor de la inyección y la peluca rubia. Ya no importa. ¿Dónde quedó el paciente? Se lo llevan, en una ambulancia. El médico va con él. Ya no tiene la pija parada. Se le para cuando ve las agujas. Cuando guardan la jeringa ya no siente lo mismo. La ambulancia corre. Rápido. La enfermera se despierta y extraña a su padre. Camina por la calle y siente lejana la sirena de la ambulancia que transporta al médico y al paciente dormido. Sangre en la boca del paciente, poca, más, mucha, chorrea sangre, el médico intenta parar la sangre. No puede. Lo besa, chupa, bebe, lame la sangre. Es lo único que sabe hacer. Hasta que la sangre se detiene y el hombre gime. Acabó. Pero sin semen. El semen está en otra parte. En un escrito. En una novela. En otro capítulo. La canción cambia y la ambulancia se calla. Ya no hay sirena. Estamos en una casa. La ambulancia se fue y el paciente está en la habitación. Desnudo. El médico lo desnudó. Le limpió la sangre de la boca y le curo las heridas en los brazos. Ahora está sentado. Mirándolo. El paciente duerme. El médico está en blanco. Quiere dormir pero no puede. Piensa en tomar algo. Pero no tiene ganas. Sigue mirando. Pensando. Tiene ganas de escuchar música. Piensa en Agnes. Piensa en su silencio. En su peluca. En el padre. El padre le gustaba. Ahora no. Agnes sabe arreglarse. El médico tenía nombre pero no lo recuerdo. Ya volverá. El paciente va a despertar. Pero no ahora. Ahora el médico se levanta y se dirige a la cocina. Necesita algo. Toma un cuchillo y se corta la palma de la mano. Sangre. Dolor. Placer. Ganas. Tenía ganas de sentir. De estar. Vuelve al cuarto. Se lame la sangre en la herida. Se lame la herida. Los ojos le lagrimean. El paciente sigue dormido. El médico lo mira. Ya no tiene ganas.

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