Archivos Mensuales: septiembre 2016

Martes

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Detrás

El juguete me mira desde el escritorio. Una mujer que sostiene una planta de arroz. O algo así. Una foto que refleja mis lágrimas. Escribir una canción con tinta hecha de mis lágrimas. Y cantarles mientras se me cierra la garganta y agonizo. Mientras me hundo en el barro hecho de mis sentimientos. Quiero escribir un diálogo conmigo mismo, uno en el que el fuego no sea tan alto, que el fuego no exista, que el corazón haya muerto y me pueda esconder y nadie note que hay otra vida detrás mis ojos y que mi sonrisa es una mentira.

Nuevo diario puto 129

Escucho esa canción que contiene la voz de mi adolescencia. Que me da ganas de enfrentarme al mundo. Me cuesta mucho cuando llueve y hablo y hablo y hablo. Y se me cansa el cuerpo y soy feliz por un instante con un juguete. Después me tomo un café y lloro y se me estrangula el espíritu. Miro y tengo ganas de cerrar los ojos, estar dormido y soñar.

La respuesta de mis arrugas

El grado cósmico familiar me interpela y me comunica con la otra realidad. Las palabras se me clavan en el pecho y me desgarran como el cuento que leímos hoy cuando soñaba con la tormenta. Los silencios me estallan en los oídos y la sangre sale a chorros. Líquido rojo que cae por mis costados y mis mejillas. La humedad de mis lágrimas y el pozo en el que me ahogo y ya no hay voces humanas ni palabras de amor que me despierten. Se me atragantan las lágrimas en la ficción de mí mismo y ya no tengo forma de respirar. Me ahogo, se me llenan de sangre los pulmones. Le pregunto a mis arrugas y me responden que mi fuerza es una gran mentira. Que estoy desnudo, desprotegido y lleno de la incertidumbre que me incrustaron al nacer. Esa que no me deja respirar. Esa que me da ganas de hundirme en el barro y que nadie note que existo.

La bestia

Borro y escribo y borro y escribo y borro. Sufro y se me estrangula la garganta y no es de placer. Se me achica el cuerpo y quiero construir una muralla para que nadie entre y morirme solo y tranquilo. No quiero volver a abrirme ni mirar a los ojos ni soñar con bestias que se consumen en mis caricias olvidadas. Construyo una doble vida de sonrisas y frialdad, una vida que me envuelve y me deja desnudo y ahogado. Se termina una canción y ahora empieza otra. Pero esta es en francés. Y ya se me secaron las lágrimas. Se seca una hoja en la flor que sostiene mi corazón asustado de vivir. Ese corazón que quiero arrancar y comer a dentelladas. Con los dientes rotos. Con el cráneo ladeado. Con los ojos rojos. Con la barba roja. Con el pubis rojo. Rojo como la sangre que me consume la garganta. Me gustaría olvidarme de esta vida y aprender otra vez a construir la pared de hielo que me protegía. Esa que me dejaba frío y tranquilo y muerto en mi tumba de algodón y juguetes rotos. Esa del jardín de huesos y cenizas.

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