Dolores

Cuando hago terapia a veces vuelvo a pensar en cómo llegue a ser niñx putx adultx. Eso de que tengo adentro todo un bosque de lágrimas que derramé y me identificaron. Esa niña puto que le costó mucho vivir y a veces se sintió ahogada y con ganas de no existir. El psicólogo decía el otro día que nacer es algo muy horrible. No puedo estar más de acuerdo. Ayer por casualidad me enteré de la muerte de Dolores O’Riordan, la cantante de The Cranberries, una banda noventosa que puede ser conocida para una generación y para otras personas nada. Yo no soy de entristecerme con muertes o cosas así, soy más bien un acuariano frío que ve ciertas cosas de forma pragmática. Pero la muerte de Dolores O’Riordan me hizo pensar. Primero me sorprendió. Después me acordé de la adolescencia del niñito puto que fui, soy y seré. Una adolescencia de la que algunas cosas como las historietas me ayudaron a escapar. O la literatura o escribir. Creo que uno de mis primeros espacios personales de identificación torcida fue escuchar Cranberries. Y amar a Dolores. Una mujer petisa que bailaba mal y gritaba cantando de una forma muy extraña. Algo de mi ser puto y petiso estaba ahí. Yo nunca pude desarrollar mucho el gusto musical hasta grande. Era difícil decir qué me gustaba. Pero Dolores fue una de esas imágenes que me llenaba de placer. Como niñita puto adolescente y petisa me sentía totalmente identificada con esa chica muy bajita que gritaba y gritaba y bailaba tan mal como bailo yo. Pero que parecía tener muchas ganas de vivir y atragantarse de mundo. En cierta forma fue una música que siempre me acompañó. Nunca entendí lo que decían las letras pero no era algo que me importara. Había algo en esa música que me servía de refugio. Debe ser de las pocas cosas que conservo con placer de una adolescencia que no quiero recordar. Y como vengo pensando mucho en mis lágrimas, en cómo me definen, en cómo lloraba cuando era chico y eso era algo malo, ayer me animé a llorar por algo que hasta puede ser ridículo. Me puse a lavar los platos mientras escuchaba dos canciones de Cranberries de esas que siempre me dieron ganas de vivir. Just my imagination y You and me. Y lloré. Me animé a llorar por algo que a mí misma me parece ridículo y poco importante. Pero lloré. Porque yo quería ser como Dolores O’Riordan, gritar mucho y no tener vergüenza de cómo bailaba y escupirle mi estatura de niña puto petisa a un mundo espantoso que no me dejaba respirar. Ahora puedo respirar. Y enterarme de que Dolores murió me hizo pensar en todo eso que me ayudó su imagen para poder sobrevivir.

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