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El amor no era eso

Abro un cuaderno y una hoja suelta se vuela sobre el pasto. El viento se siente frío y el calor del sol me acaricia un poco. “No te expongas tanto” resuena por ahí. Como si todo lo que escribo fuera verdad y correlato de mi vidita. A veces, no hay que creer en todo lo que leemos. Me saco los anteojos. Porque para ser eso que soy me tengo que sacar los anteojos y apreciar la vida como una borradura que me mantiene un poco lejos. Un poco apartado. Suena una nueva canción y cambia mi tono. Voy a ser sincero con mi corazón de puto petiso, niñita y pelado. De puto que llora mucho. De puto que tiene muchos textos sin terminar. “Voy a estar bien” dice la canción. En estos meses la vida me atragantó y me llevó. Quiero ser el artista que alguna vez fui en mi putez arrancada, llena de flores y ganas de corretear por las praderas como Laura Ingalls. Escribir el enojo de mi alma puta y mi cuerpo de niño puto. Voy a ser sincero con la canción. Y con esta ficción de vidita que me llena de miedo. Voy a ser sincero. Hoy hablamos y lo dije. “Con razón te extraño”. Con razón extraño. Extraño algo que soñé, algo que soñamos juntos en nuestro amor de putos patos y juntos. Algo que no sé si existió. Tal vez extraño, extrañamos, eso. La posibilidad. Los sueños. La vida constante. No creo que nos pongamos de acuerdo entre nuestros dolores. Pero sí en nuestros cuerpos y nuestros besos. Porque aunque nos hayan usado, descartado y lastimado, nuestros besos son el sabor de algo único que es como una fuerza arrolladora que prende fuego la hipocresía de esas miradas. Pero voy a ser sincero. Algo está ahí. Inexplicable. Como una ausencia que me dolió y al mismo tiempo me alivió. Pienso y un poco se me cierra la garganta. Y quiero ser sincero con la canción. ¿Cómo salir de un sueño que te desubjetivó todito el culo, el ano y la vidita? ¿Cómo no soñar con la posibilidad de destruir este mundo horrible? ¿Cómo hacer para abrir los ojos y por momentos sentir que algo horrible se esparcía en tus palabras hirientes? ¿Por qué algo me hace pensar en la manipulación? ¿Por qué se desangra y lastima mi pobre corazón de niño puto indefenso? ¿Por qué se abren los ojos? ¿Será cierto todo eso que sangro por mi garganta cerrada? ¿Será cierto lo que mi vidita intuye, lo que mi vidita huele? No nos vamos a poner de acuerdo. Pero nunca estuvimos de acuerdo. Es parte de nuestra magia. Algo sangra en mi boca. Sigo pensando y resistiendo y me siento en una especie de espiral de energía, en una tormenta eléctrica azul que me define. Y algo de extrañar y de entrañas y vísceras que está ahí en ese vacío. O en eso que a veces siento y antes me hacía doler la vidita. Porque pensar que la vida tal como la definíamos se había roto me hizo tocar el cosmos con mis manitas de princesa. Y cuando abrí los ojos y no había forma de regresar me puse a llorar. Y todo se volvió difuso y engañoso. Cuando abrí los ojos eso ya no estaba. Y hubo dolor y alivio y llanto. Y no había forma de regresar a ese jardín infantil que habíamos destruido. Algo que, voy a ser sincero, no sé si alguna vez existió. El valor utilitario de las personas me desangra. Y mucho. Y feo. No creo en la utilidad de las personas. Me asusta ese pensamiento. Es la herida abierta en mi cuello cuando no puedo respirar. Este año parece que hubiera sido el de una vidita toda entera y sangrante. Este año sólo nos queda decir que no hay que creer en todo lo que me dicen. Ni en todo lo que escribo. Ni en todo lo que se piensa. Sólo me queda decir que no me gusta desconfiar. Pero mi vidita algo huele. Algo intuye. Y que ahora que no estamos de acuerdo y que nos besamos y sentimos ese beso puedo decirte lo equivocado que estabas. Ese beso es parte de viditas que a veces son niñitas putos indefensos o perritos que se ahogan en un pantano. De viditas a veces débiles e indefensas. Pero viditas muy poderosas. Hay que tener cuidado con lo que se hace con esas viditas y cómo se juega con esas viditas. Porque a veces, las niñas indefensas podemos defendernos. Pero no es esa historia la que quiero contar ahora. Y voy a ser sincero. Cuando pienso en eso que fuimos y no sé si alguna vez existió, cuando pienso, te extraño.

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Nuevo diario puto 142

Las semanas se amontonan y siguen pasando cosas, viajes, lugares, debería poder escribir sobre todo pero se me escapan las palabras.

Angustias

Cuatro minutos veintinueve segundos. El tiempo que me dieron para escribir mi historia. Cuando tenía seis años madre dejó de llamarme por mi nombre. Me empezó a gritar. Mi nombre pasó a ser Angustia. La pequeña y llorona Angustia. Angustia, la niña monstruo. En otros lugares me gritaban ese nombre. Las gotas de saliva de los gritos tocaban mis mejillas. Yo ya no escuchaba. Angustia era mi totalidad. Mi miedo. En esos momentos quería ser como Carrie en la película y destruir el universo a mi alrededor. Dibujaba el mundo y lo incendiaba con un fósforo monstruoso que nacía de la palma de mi mano. Me refugié en el canto de una mujer religiosa. Un poco en secreto me enamoré. No importó. Era casi una monja. En algún momento crecí y ya no me gritaban. Ya no había madre. Ya no había saliva. Pero seguía siendo Angustia. Y seguía llorando. A esta altura los cuatro minutos veintinueve segundos se me habían terminado pero alguien me dio unos minutos más. Lo agradecí. Por eso sigo escribiendo en este papel inmundo. No tengo historia más que esto que les digo. No tengo otras palabras. Sólo este dolor en el pecho y la garganta que me atraviesa. No puedo arrancarme la garganta. Pero tomé una decisión. Si no puedo arrancarme el pecho y la garganta voy a hacer como Edipo y arrancarme los ojos. Quizás por ahí se escape mi nombre y vuelva a ser lo que fui antes de que me bautizaran con el dolor. Esta noche voy a hacerlo. Y mañana, cuando no pueda verlos y sonría, no se olviden que ya no me llamo Angustia, que mi nombre ahora es ese que entra como una mariposa por sus labios y los hace sentir flores en la garganta.