Archivo de la categoría: El libro del karma

El trance de la locura acuariana

¿Serán los cumpleaños acuarianos? ¿O será mi cumpleaños? ¿será que esa tristeza que me habita me da más ganas de vivir y atragantarme de todo? ¿Será todo eso que nos quitaron y que nunca tuvimos que me lleva tan arriba? Cumplir años es un momento de goce para mí. Un momento muy mío, lleno de mí y mis ganas y mi alegría y mis formas y mi energía. La vida es un lugar espantoso y horrendo para habitar. Pero cuando me sube la energía se convierte en un lugar que resplandece y me hace brillar. Esos momentos de energía que sube ocurren en mis cumpleaños. De un modo contagioso, hechicero e inmaterial. En todxs lxs que me habitan. Escribo hasta que me duele la mano y tengo ganas de todo. El trance de la locura acuariana. El trance en el que podemos escribir un libro o hacer explotar un par de realidades. Hoy me vuelvo intangible en mi cumpleaños, en envejecer y sentirse cada vez mejor con este cuerpo que habito lleno de inseguridades y que maltraté durante tanto tiempo. Un poco debe ser porque cada año me alejo más de esos momentos en los que estaba muerta o no podía vivir ni respirar. Entro en trance y soy un poco como Tina Turner en esa canción que enloquece. Entro en el cono de la energía. Un poco como baila ella. Algo que se me acomoda muy adentro y por un rato la tristeza no está y soy goce, alegría y placer. Algo parecido al sexo, saxe, sexy. En mi cumpleaños pasa algo de eso. Como una celebración que conjura un poco la vida horrenda. La vidita esta no deja de ser espantosa pero de algún modo llegué a habitarla con goce y ganas tremendas de atragantarme. Será por eso que todo me chorrea por el bigote y la barba. Y cuando escribo soy ojos gigantes y profundos. Puedo mirar y pensar y sentir como no podía en otros momentos. En mi cumpleaños me acuerdo porque, a veces, me gusta estar viva.

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Traumatismo de cráneo

Hace poco pensé en un recuerdo de mi infancia. Con mi hermanite. Que siempre fuimos como algo inexplicable. Nos llevamos un año y tres meses. Hermanite siempre fue como una cosa muy especial para mí. El vínculo más real que siempre tuve. Cuando teníamos 4 y 5 años pasó algo. Madre siempre fue una mujer muy alegre, joven y divertida. Vivíamos en un ph en la ciudad de Trelew. Que para llegar había que atravesar un pasillo largo. Un día llegábamos de hacer las compras con bolsas y madre dijo “carrera a ver quién llega primero a la puerta” (madre dice ahora que era muy inmadura y cosas así pero yo agradezco que haya sido así de divertida y creativa). Eso era algo que en mi recuerdo infantil hacíamos seguido y no pasaba nada. Cuando éramos muy chicos, hermanite siempre corría, caía, se tropezaba y se lastimaba. Yo siempre estaba quieto, no sé si estaba vivo. Ese día hermanite corrió y madre también. Y hermanite en un momento tropezó. Y se dio en la sien con un escalón de cemento justo donde terminaba el pasillo. Yo iba atrás porque no podía correr. Siempre tenía miedo y me quedaba más quieto. Y hermanite se cayó y ahí quedó. Desmayado, muerto, sin reacción. Cuando madre lo agarró no reaccionaba. Madre lo levantó en brazos y corrió. En mi recuerdo me dijo algo de que me quedara con las bolsas de las compras. El resto lo sé más por el relato que por mi recuerdo. Un vecino que los sube al auto y hermanite que no reacciona. Hermanite que despierta en el camino al hospital pero sigue desmayado o algo así. Traumatismo de cráneo. Me quedó grabada la expresión. Yo me quedé en la puerta del ph con las bolsas. Yo que era un niñito puto temeroso de vivir y que lloraba por todo ese día no me acuerdo si lloré. Me acuerdo que me quedé ahí, sentadito esperando. Casi como una metáfora de mi vida mucho tiempo después. Con las bolsas. Había alguna cosa que tenía que ir a la heladera. Me acuerdo muy pero muy bien del cielo. Que era de día y se hizo de noche. Y hermanite se había golpeado y nunca reaccionó. Cuando el cielo ya estaba oscuro recuerdo la llegada de padre que me venía a buscar o que venía a la casa. El recuerdo siguiente es hermanite internado y mucho silencio. Finalmente no fue nada grave y estuvo algunos días internado por el traumatismo de cráneo. Esa expresión siempre me quedó ahí, como algo marcado. Cuando le contaba esto al psicólogo hace algunas semanas me decía que en cierta forma (o eso entendí yo) ese día, para mi mente infantil de niña puto, hermanite había muerto. Porque yo lo vi muerto y no supe más nada. No me acuerdo si esas horas lloré. O no. Me acuerdo que en la puerta del ph siempre había hormigas. Y se me subían a los pies y no me gustaba. Hoy en día me generan mucho más asco las hormigas que las cucarachas. ¿Será por eso? Después de la terapia pensé en lo que dijo el psicólogo y en eso de que para mí hermanite estaba muerto y que eso puede haber sido muy doloroso para mi mente infantil, yo tan niño puto que no podía habitar el mundo. Mi miedo a correr, a vivir, a hacer algo, un ruido, lo que sea, siempre siguió ahí presente. Pero hermanite no murió. Y hermanite siempre fue alguien que estuvo ahí conmigo, en mí, de una forma inexplicable. Una de las personas con las que a veces hemos peleado pero también una de las pocas personas que me conoce de verdad. Y de las pocas personas en este mundo que siempre me protegió y me cuidó. Hermanite siempre supo que su hermano mayor era un niñito puto. Y siempre le gustó un montón. Yo creo que si no fuera por hermanite hoy en día no estaría vivo. Por eso pensaba que si hermanite ese día en alguna forma murió para mi forma infantil, al día siguiente renació como alguien a quien tuve que cuidar muchas veces sin que se diera cuenta. Y que me ayudó un montón a habitar este mundo tan espantoso. Será por eso que cuando estamos juntes reímos tanto.

Dolores

Cuando hago terapia a veces vuelvo a pensar en cómo llegue a ser niñx putx adultx. Eso de que tengo adentro todo un bosque de lágrimas que derramé y me identificaron. Esa niña puto que le costó mucho vivir y a veces se sintió ahogada y con ganas de no existir. El psicólogo decía el otro día que nacer es algo muy horrible. No puedo estar más de acuerdo. Ayer por casualidad me enteré de la muerte de Dolores O’Riordan, la cantante de The Cranberries, una banda noventosa que puede ser conocida para una generación y para otras personas nada. Yo no soy de entristecerme con muertes o cosas así, soy más bien un acuariano frío que ve ciertas cosas de forma pragmática. Pero la muerte de Dolores O’Riordan me hizo pensar. Primero me sorprendió. Después me acordé de la adolescencia del niñito puto que fui, soy y seré. Una adolescencia de la que algunas cosas como las historietas me ayudaron a escapar. O la literatura o escribir. Creo que uno de mis primeros espacios personales de identificación torcida fue escuchar Cranberries. Y amar a Dolores. Una mujer petisa que bailaba mal y gritaba cantando de una forma muy extraña. Algo de mi ser puto y petiso estaba ahí. Yo nunca pude desarrollar mucho el gusto musical hasta grande. Era difícil decir qué me gustaba. Pero Dolores fue una de esas imágenes que me llenaba de placer. Como niñita puto adolescente y petisa me sentía totalmente identificada con esa chica muy bajita que gritaba y gritaba y bailaba tan mal como bailo yo. Pero que parecía tener muchas ganas de vivir y atragantarse de mundo. En cierta forma fue una música que siempre me acompañó. Nunca entendí lo que decían las letras pero no era algo que me importara. Había algo en esa música que me servía de refugio. Debe ser de las pocas cosas que conservo con placer de una adolescencia que no quiero recordar. Y como vengo pensando mucho en mis lágrimas, en cómo me definen, en cómo lloraba cuando era chico y eso era algo malo, ayer me animé a llorar por algo que hasta puede ser ridículo. Me puse a lavar los platos mientras escuchaba dos canciones de Cranberries de esas que siempre me dieron ganas de vivir. Just my imagination y You and me. Y lloré. Me animé a llorar por algo que a mí misma me parece ridículo y poco importante. Pero lloré. Porque yo quería ser como Dolores O’Riordan, gritar mucho y no tener vergüenza de cómo bailaba y escupirle mi estatura de niña puto petisa a un mundo espantoso que no me dejaba respirar. Ahora puedo respirar. Y enterarme de que Dolores murió me hizo pensar en todo eso que me ayudó su imagen para poder sobrevivir.

Diario de Miss Cordillerita 12

De L. Miss Cordillerita está enamorada. Es que la pueden los artistas. Aunque es algo platónico. A. es el amor ese que se vuelve intangible y risueño. M. la llama una y otra vez pero Miss Cordillerita ya no sabe si quiere. A D. Miss Cordillerita lo quiere un montón y lamenta las distancias. A. D. cree que lo va a dejar rápido. Porque no lo conoce. Con L. queremos volver a encontrarnos y sacarnos fotos de a tres. Y. fue la promesa de una cita que se desvaneció. P. todavía duele y cada día se siente más lejano. C. es un recuerdo muy difuso. F. parece divertido. Miss Cordillerita se acuesta y se da cuenta que el final de su diario no está muy lejos. Sólo puede tener 21 entradas.

Escribir

Escribir lo que dura una canción puede ser uno de mis motivos. Escribir en la plaza con un insecto minúsculo en mi hoja. Y otro paseándose por el vello de mi pierna derecha. Escribir sintiendo que salgo de mi cuerpo y viajo y vivo y miro mi cuerpo desde afuera latiendo junto al verde. Verde que te quiero verde. Escribir la poesía y escribir Lucrecia Borgia, el miedo y los versos. Escribir lo mínimo y escribir el terror. Escribir la hija y la tecnología del caos. Escribir la vida toda y las muertes horrendas.

Diario de Miss Cordillerita 11

Miss Cordillerita le tiene miedo a las pelotas de fútbol. Cuando era pequeña, su abuela, la que era hechicera, de las de la magia negra, cada vez que caía una pelota en su jardín la retenía y hacía algo. Había dos posibilidades. La pinchaba y se la tiraba en la cara a sus dueños. O la escondía y se la daba a sus nietos. La última vez que Miss Cordillerita jugó al fútbol (ante los ruegos de un tío), atajó con la cara y cayó casi desmayada al piso. Miss Cordillerita siempre fue anti fútbol en la escuela, en su casa, en la vida. Se aburre y empieza a hablar y pregunta cosas absurdas. ¿Por qué hay dos arcos? ¿Por qué corren para ese lado? ¿Por qué no piensan que lo importante es participar? Miss Cordillerita se distrae y molesta a si alguien le importa el fútbol que quiere mirar. Y se pone a hablar de los cuerpos de los futbolistas. Le aburre todo el fútbol, todos los campeonatos, todos los mundiales. Hace unos días Miss Cordillerita iba por la calle, caminando, escuchando audios y unos niños jugaban al fútbol y la pelota cayó justito frente a Miss Cordillerita. Que quiso patearla para el lado de sus dueños. Todavía deben estar buscando la pelota. Miss Cordillerita nunca fue una estrella del fútbol. Y agradece haber terminado la escuela para nunca más tener que jugar.

El amor no era eso

Abro un cuaderno y una hoja suelta se vuela sobre el pasto. El viento se siente frío y el calor del sol me acaricia un poco. “No te expongas tanto” resuena por ahí. Como si todo lo que escribo fuera verdad y correlato de mi vidita. A veces, no hay que creer en todo lo que leemos. Me saco los anteojos. Porque para ser eso que soy me tengo que sacar los anteojos y apreciar la vida como una borradura que me mantiene un poco lejos. Un poco apartado. Suena una nueva canción y cambia mi tono. Voy a ser sincero con mi corazón de puto petiso, niñita y pelado. De puto que llora mucho. De puto que tiene muchos textos sin terminar. “Voy a estar bien” dice la canción. En estos meses la vida me atragantó y me llevó. Quiero ser el artista que alguna vez fui en mi putez arrancada, llena de flores y ganas de corretear por las praderas como Laura Ingalls. Escribir el enojo de mi alma puta y mi cuerpo de niño puto. Voy a ser sincero con la canción. Y con esta ficción de vidita que me llena de miedo. Voy a ser sincero. Hoy hablamos y lo dije. “Con razón te extraño”. Con razón extraño. Extraño algo que soñé, algo que soñamos juntos en nuestro amor de putos patos y juntos. Algo que no sé si existió. Tal vez extraño, extrañamos, eso. La posibilidad. Los sueños. La vida constante. No creo que nos pongamos de acuerdo entre nuestros dolores. Pero sí en nuestros cuerpos y nuestros besos. Porque aunque nos hayan usado, descartado y lastimado, nuestros besos son el sabor de algo único que es como una fuerza arrolladora que prende fuego la hipocresía de esas miradas. Pero voy a ser sincero. Algo está ahí. Inexplicable. Como una ausencia que me dolió y al mismo tiempo me alivió. Pienso y un poco se me cierra la garganta. Y quiero ser sincero con la canción. ¿Cómo salir de un sueño que te desubjetivó todito el culo, el ano y la vidita? ¿Cómo no soñar con la posibilidad de destruir este mundo horrible? ¿Cómo hacer para abrir los ojos y por momentos sentir que algo horrible se esparcía en tus palabras hirientes? ¿Por qué algo me hace pensar en la manipulación? ¿Por qué se desangra y lastima mi pobre corazón de niño puto indefenso? ¿Por qué se abren los ojos? ¿Será cierto todo eso que sangro por mi garganta cerrada? ¿Será cierto lo que mi vidita intuye, lo que mi vidita huele? No nos vamos a poner de acuerdo. Pero nunca estuvimos de acuerdo. Es parte de nuestra magia. Algo sangra en mi boca. Sigo pensando y resistiendo y me siento en una especie de espiral de energía, en una tormenta eléctrica azul que me define. Y algo de extrañar y de entrañas y vísceras que está ahí en ese vacío. O en eso que a veces siento y antes me hacía doler la vidita. Porque pensar que la vida tal como la definíamos se había roto me hizo tocar el cosmos con mis manitas de princesa. Y cuando abrí los ojos y no había forma de regresar me puse a llorar. Y todo se volvió difuso y engañoso. Cuando abrí los ojos eso ya no estaba. Y hubo dolor y alivio y llanto. Y no había forma de regresar a ese jardín infantil que habíamos destruido. Algo que, voy a ser sincero, no sé si alguna vez existió. El valor utilitario de las personas me desangra. Y mucho. Y feo. No creo en la utilidad de las personas. Me asusta ese pensamiento. Es la herida abierta en mi cuello cuando no puedo respirar. Este año parece que hubiera sido el de una vidita toda entera y sangrante. Este año sólo nos queda decir que no hay que creer en todo lo que me dicen. Ni en todo lo que escribo. Ni en todo lo que se piensa. Sólo me queda decir que no me gusta desconfiar. Pero mi vidita algo huele. Algo intuye. Y que ahora que no estamos de acuerdo y que nos besamos y sentimos ese beso puedo decirte lo equivocado que estabas. Ese beso es parte de viditas que a veces son niñitas putos indefensos o perritos que se ahogan en un pantano. De viditas a veces débiles e indefensas. Pero viditas muy poderosas. Hay que tener cuidado con lo que se hace con esas viditas y cómo se juega con esas viditas. Porque a veces, las niñas indefensas podemos defendernos. Pero no es esa historia la que quiero contar ahora. Y voy a ser sincero. Cuando pienso en eso que fuimos y no sé si alguna vez existió, cuando pienso, te extraño.

Manifiesto por la creación

(con motivo del segundo concurso de producciones con temática de género para estudiant*s de secundario, escrito el 13 de diciembre de 2017)

Escribir cuentos. O teatro. O historietas. Crear en tiempos de lo que a veces llamamos vida horrenda. Hace unas semanas en la inauguración de un congreso de historietas hablábamos de estos tiempos de vida horrenda y realidad angustiante. Y de los espacios de resistencia y refugio. A veces, escribir puede servir de refugio. A veces, crear puede salvar vidas. A veces, producir puede ayudarnos a mejorar un poco este mundo que nos cuesta tanto. Hace casi dos años Ariadna se acercó con la propuesta de este concurso. Increíble todo lo que paso desde ese momento. Esa propuesta fue un acto micropolítico de resistencia, afecto y protección. Una forma de construir afecto y resistencia entre estudiantes, de desarmar prejuicios. Lxs adolescentes no leen. Lxs adolescentes no escriben. Seguramente muchos y muchas no leen ni escriben. ¿Pero cuántos leíamos o escribíamos en la adolescencia? El mismo prejuicio muchas veces lo encontramos en la carrera de letras. Lxs alumnxs de letras no leen. No saben escribir. Y a veces leer y escribir no es tan importante. A veces, hay que vivir. O sobrevivir. Y en este concurso entra todo eso. Y en este concurso, que la comisión organizadora vive como un acto micropolítico de resistencia, las y los adolescentes escribieron. Y escribieron sobre un montón de cosas que nos duelen. Con una lucidez que sorprendió a muchos. Y que nos emocionó. ¿Se acuerdan de nuestras lágrimas el año pasado? Eran lágrimas de esas que nos gustan. Lágrimas de esas que vamos a atesorar entre los recuerdos del lado hermoso de la vida. Y este año otra vez, en medio del caos y la crisis, la ma-crisis, las y los chicos escribieron. ¡Y cómo! Y crearon historietas. Y textos teatrales. Y cuentos. Y nos mostraron lo hermoso y lo horrible de la vida. Y crearon sobre género, feminismo, sexualidades, diversidad, roles de género, orientaciones, patriarcado, y muchas cosas más que podemos encontrar en sus textos. Unos textos que ya queremos y nos emocionan. Una vez más un concurso organizado casi desde la nada es parte de una constelación de actos precarios que nos ayudan a sobrevivir. Porque este concurso se trata de despertar a la bestia. De despertar al margen, a la resistencia, de construir refugios. Desde la libertad y la visibilización, desde la política como acto vital. Acá estamos, con los textos de decenas de adolescentes que quieren, que nos exigen que construyamos un mundo en el que devuelvan a Johana Ramallo (devuelvan a Johana! la seguimos buscando! el Estado es responsable!), un mundo en el que haya justicia por el asesinato de Santiago Maldonado en medio de una represión de gendarmería ordenada por el Estado (el Estado es responsable!), un mundo en el que la gobernadora de la provincia de Buenos Aires reglamente la ley ya sancionada de cupo para personas trans y travestis, un mundo en el que haya justicia por los femicidios y los travesticidios, un mundo en el que haya justicia por Diana Sacayán, un mundo en el que haya justicia por el ataque transfóbico a Laura Moyano, un mundo en el que nuestras estudiantes dejen de ser acosadas, violadas y asesinadas, un mundo en el que las personas trans y travestis no tengan una expectativa de vida de treinta y pico de años, un mundo en el que no ataquen más a mujeres lesbianas por besarse en la vía pública, un mundo (y una ciudad) en el que no haya más ataques homofóbicos violentos en la calle, un mundo en el que la Universidad Nacional de La Plata sancione un cupo trans, un mundo en el que dejen de gritarnos por ser mujeres o besarnos en la vía pública, un mundo en el que nuestras estudiantes puedan ser mujeres libres y empoderadas y no lo paguen con sus vidas, un mundo en el que el patriarcado deje de disciplinarnos, un mundo menos binario, en el que las instituciones (la escuela, el matrimonio, la familia) dejen de ser cárceles llamadas normalidad. Un mundo así quieren las personas que crearon todos estos textos. Y es nuestra responsabilidad pelear por ese mundo. Tal vez un mundo así sea un sueño. Pero acá hay textos que ayudan a soñar. O que nos exigen que luchemos para que ese mundo exista. Porque a veces, escribir, crear, soñar, puede cambiar el mundo.

Genealogías

Mientras ordenaba en estos días de fin de año, locura y apocalipsis, encontré una nota escrita por mi abuela que atesoro como una reliquia muy mía. Hace años, cuando lo leí después de la muerte de mi abuela, me impactó lo bien escrito, lo doloroso y lo necesario que fue para Berta escribir sobre lo que le pasaba. En algún punto ese escribir de mi abuela me hizo pensar en mi escritura. Hace años que quería escanear y transcribir este texto. Es parte mía y siempre me pregunté, ¿cuándo lo habrá escrito? ¿cómo? ¿por qué?

El texto transcripto a continuación lo escribió mi abuela materna, Berta Luz del Alba Galván, en algún momento posterior a la fecha que figura al principio. No sabemos cuándo ni en qué contexto específico. Sí sabemos que la referencia es la muerte de su hijo Silvio mientras hacía el servicio militar obligatorio en 1979 en Campo de Mayo (una muerte dudosa y en la versión oficial “accidental”, ocurrida el 9 de septiembre de ese año). Silvio fue asesinado cuando tuvo que hacer esa cosa horrible que fue la conscripción. Es un texto tremendamente triste pero muy bello. Mi abuela no había terminado el primario, lo transcribo tal cual, con errores de ortografía y puntuación:

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                                                        “9 de septiembre de 1979

Fué un día domingo 9/9/79. Una noticia fatal que yo al ver la gente nerviosa pence lo peor, que podia ser mi madre o en fin otra persona, pero nunca imaginé que podia ser mi hijo Rulito. la noticia fue cruel y me dijeron cuando yo pregunte quien murió y me contesto la Negrita Rulo. en ese momento me sentía morir yo y la Nena y despues no se mas lo que paso por que no recuerdo mas nada hasta que me desperte, yo no conocia la gente, por que estaba trastornada y hay momentos que en estos momentos estoy igual pero trato de no recordarlo pero no puedo es mas fuerte que yo. Mi hijo Rulito para mi era una esperanza mas en mi vida, por que habiamos proyectado muchas cosas para poder seguir a delante, pero todo esto ya lo tengo perdido al no estar el y nunca mas lo tendré como pensaba yo. Dios me sacó lo que mas quise, yo no lo demostraba pero para mi mi hijo Rulito era mucho”

Manifiesto por las historietas

¿Cómo se explica la intensidad? ¿cómo se entiende? ¿cómo narrarla? ¿cómo ilustrarla? El Congreso Universitario de Historietas (CUH) parece algo serio y formal si pensamos en su título. Pero no lo es. O no en el sentido en el que la seriedad se convierte en una universidad cerrada y que evita el afecto y el placer. No es un evento académico. O debería decir no es sólo un evento académico. Es un espacio de resistencia, de refugio en estos tiempos tan horrendos en los que todo nos está costando más. La historieta no es un saber ni un material ni algo legitimado en ese mundo universitario en el que, de formas marginales, a veces, se mueve la comisión organizadora. El CUH es contra-hegemonía, contra-sexualidad y contra-mundo, en algún sentido, es contra-universitario. Surge de un colectivo que atraviesa la docencia, el ser estudiante, la investigación y la creación. Es algo extraño en un mundo horrendo. Es algo subversivo en un mundo en el que lo que muchas veces nos da placer es algo que no puede estar frente a nosotrxs como material de estudio, como obra artística o simplemente como goce disidente. El grupo que lo organiza es un colectivo que se abraza con historietas y tiene una perspectiva de género sexo-disidente que nace de la comprensión, el afecto y la construcción de comunidades libres. Ese es un cruce bastante poco habitual que nos hace mucho bien. Somos lo abyecto de muchos campos, somos el margen y lo abrazamos. Somos, tal vez, la expresión de un afecto que en su futuro sólo puede sentirse abrazado y protegido en ese sentimiento. Nada más. El CUH es divertido, se mueve como parte de un sujeto colectivo, afectivo y comunitario que nos cuida un poco del odio. O al menos ayuda a lamernos las heridas. El CUH no es meramente investigación científica ni quiere serlo, el CUH es pensar que en esta vida horrenda podemos bailar y hacer la revolución. Tal vez, en estos tiempos, a veces, podemos ser parte de un sujeto colectivo a señalar y excluir. Tal vez, lo que nos une en el afecto y en las historietas es algo que no podemos explicar. Hace poco fui consciente de que las historietas me hicieron sobrevivir a la tristeza y las ganas de escapar de este mundo en mi infancia y adolescencia. El CUH es eso, es ganas de atragantarnos de vida, caminando con pelucas, colores, brillos y gibré. Y el CUH se hace en la universidad. Y quiere abrir el ano de la universidad para que todxs entren y se den cuenta de que, en el fondo, el margen somos todxs. O muchxs. Y desde ese margen podemos soñar con una vida y formas de compartir la creación, la lectura y el conocimiento alejadas del odio. El año pasado tuve ganas de renunciar a todo. De escapar a otro lugar en este mundo horrible. Ser putx y estar en la universidad a veces te protege. Otras veces no. Pero en las horas que más solx me sentí ese nosotrxs colectivo que construimos con Rorschach y en otros grupos y colectivos, en el CUH, en las comunidades en las que nos movemos, me hizo sentir muy abrazado. Y sí, el CUH es un congreso, un evento que ocurre en la universidad, es eso. Pero lo es con ganas subversivas de bailar la revolución. Porque si el CUH es un congreso es un congreso terrorista.

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