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Nuevo diario puto 134

¿Será que las interrogantes me abren el libro de las catástrofes? El cuerpo me pide escribir y el cosmos me aterra. Quiero que los ojos me sangren de tanto leer pero se me raja la garganta y las paginas me cortan los dedos. Abro un cajón y se escapa una canción de mi pasado que dice el futuro. Quiero escribir el diario de mis días y se me cruza mi mirada de niño puto. La vida se complica y ya no escribo. Me rompo y ya no funciona mi teclado. Quiero escribir sobre el miedo, el caos colectivo y el dolor de una mente acuariana. Pero la rama se atraviesa y me hundo. ¿Habrá lectores posibles en el mundo de una araña muerta? ¿Habrá algo del otro lado? ¿Habrá sueños en mi boca temerosa de sonreír? Quería volver a escribir mi diario. Pero creo que ese cuaderno murió y se convirtió en la diosa que busca renacer de sus cenizas.

Nuevo diario puto 133

No quedan lectorxs. O no me quedan lectorxs. Mejor. Ya no me quedan muchas palabras. Recién choqué con un cable y se apagó la pc. Se perdió el texto ese de los jardines que había escrito el otro día recordando uno del pasado, una lectura y mi propia voz.

Quiero hablar a la pantalla. Quereme. Primera versión. Quereme. Segunda versión. Algo se desvirtúa en las teclas sin sentido. En la lectura de otro capítulo. Hace unas semanas comencé un nuevo diario íntimo. Este es rosa. Como algunos de los témpanos de mi corazón acuariano. No escribo mucho. Pero algo se está yendo por ahí.

Se supone que soy un adulto. Pero no lo soy. Soy una niñita asustada que por fin tiene su casa de muñecas y se ahoga con la vida. Quereme. Tercera versión. Hay una luz en tu ventana pero en tu sombra está mi amor acompañada. Yo reescribo las canciones. O escucho otra versión. O tengo frío y quiero que sean más felices. Como un musical. O la canción que dice algo de Baltimore con la que me siento identificadx. O un baile desenfrenado que no existe.

No importa. Ya no hay lectorxs de todo esto. No creo que queden tantas entradas en este diario. Ya lo estoy traicionando al incrustar canciones. Ya hace un tiempo. Tengo que empezar otro diario. O escribir en mi cuaderno rosado de niña que sueña con que se terminen sus días.

Nuevo diario puto 132

El repulgue de las empanadas me une con el pasado. Me hace acordar cosas y momentos muy específicos. Casi como una herencia. Como un cover de Edith Piaf en medio del caos. Es una de mis pocas habilidades manuales, el repulgue de las empanadas. La receta es materna. Viene directo del piso de tierra. Cuando cocino empanadas me acuerdo de Berta haciendo empanadas y pienso que algo heredé.

Nuevo diario puto 131

Duermo poco, tengo sueño, quiero una cura de sueño. Dormir y dormir y dormir. Pero así todo dormido. Me despierto, hablo mucho y me habla mucho el psicólogo. Creo que me está haciendo bien ese espacio. Y repito mis rituales y hago trámites y hace calor. Y me acuerdo que quiero escribir ensayos sobre la nada. Tengo que volver a eso. Hay un cuaderno sin usar que voy a retomar. Es viernes y por un momento casi estallo de energía y después me dio mucho sueño y tengo ganas de olvidarme un poco de la existencia y descansar flotando.

Nuevo diario puto 130

Pasan dos meses y no me doy cuenta. No escribo y no me doy cuenta. Se me cansan los ojos, los brazos y la cintura. La vida nos aplasta y ahí estamos, bellos, bollos y sonrientes. O casi. Quiero renacer de las cenizas, como Jean Grey. Quiero ser Jean Grey y destruir galaxias con el pensamiento. Y mi pila de pendientes es interminable. Y los papeles me aburren. Quiero leer. Quiero jugar. Imprimo, escucho a Dolores, peleo, me río, me duelen las encías, camino, imaginamos miles de proyectos y las fechas nos aprisionan, el año nos pasó por arriba como un torbellino, pero sigo flotando. Quiero tomar sidra. Porque soy puto, petiso, pelado y me gusta la sidra. Aunque el champagne también me gusta. Y el vino. Y la cerveza. Creo que me gusta todo.

Nuevo diario puto 129

Escucho esa canción que contiene la voz de mi adolescencia. Que me da ganas de enfrentarme al mundo. Me cuesta mucho cuando llueve y hablo y hablo y hablo. Y se me cansa el cuerpo y soy feliz por un instante con un juguete. Después me tomo un café y lloro y se me estrangula el espíritu. Miro y tengo ganas de cerrar los ojos, estar dormido y soñar.

Nuevo diario puto 128

Me siento y vuelvo a llorar un rato. Acá en la casita fría en la que intento trabajar y se me enfría el café. Escribo: “es más sencillo estar muerta”. Escucho canciones ochentosas y me sonrío un poco. Tal vez sería mejor cerrar las puertas y ventanas y volver al corazón helado. Al libro silencioso que me protege. Y cerrar los ojos hasta que voces humanas nos despierten y nos ahoguemos.

Nuevo diario puto 127

Hay días en los que me cuesta más que nunca estar vivo. Hay días en los que se me cruza la tristeza con el miedo y las lágrimas. Y no son mis lágrimas de siempre. Son esas que me ahogan un poco y no me dejan respirar como me gusta. Hay días que no tengo listas porque se me atragantan en el pecho. Miro las anotaciones en mi casita de trabajo desordenada y me sumerjo en la penumbra. Hace frío y escucho la música lejos. O las palabras. Una postal que quise mandar. Una carta que no escribí. En algún lugar sigo siendo un niñito desnudo que llora cuando le gritan.

Nuevo diario puto 126

Hace unos días Miss Cordillerita murió. Destripada en un ataque de odio y bilis negra. Se tuvo que contener tanto que estalló. Y ahora yace tirada en un pozo de suciedad. Hubo otros heridos pero no más bajas. Por suerte al pony lo contuvieron con muchos besos y abrazos y palabras hermosas y salió del coma. ¿Podrá Miss Cordillerita volver de la muerte?

Nuevo diario puto 125

Cuando me concentro tuerzo un poco el labio inferior. Cuando me concentro, a veces, muerdo un poco los labios. Cuando me emociono ladeo un poco la cabeza. Como en una foto antigua ya mencionada. Cuando escribo me olvido del dolor y me saco los anteojos. Miro ciego y petiso. Miro más allá de tus ojos, lo que yace debajo. Eso que está en la piel. Eso que está en la piel de puto. La piel que se raja y recorro como si el cosmos fuera una nube rabiosa que lee poemas de Cristina Peri Rossi.