Archivo de la categoría: Yo escribo puto

Listas

D. siempre fue mi amor platónico. Bueno, no tan platónico. Con P. me di una vez un beso en una plaza que me quedó guardado en la mente. Siempre anda por ahí. Con M. tomamos un café y sonreímos pensando en las nuevas formas de vida. G. es un niño con muchos problemas pero su barba me sedujo. Con A. recordamos lo que era coger de a tres. L. es una de esas personas que te impacta con tanta luz. A F. me lo crucé hace unos días y la vida le hizo muy mal. A O. no quiero lastimarlo, es demasiado hermoso. A B. lo amo en secreto. Con J. nos cruzamos y supo besarnos como pocos. Con R. lo indestructible se volvió realidad. Y lo imposible también. Y yo sigo siendo un niñito puto que mira a los ojos y sabe besar.

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Nuevo diario puto 133

No quedan lectorxs. O no me quedan lectorxs. Mejor. Ya no me quedan muchas palabras. Recién choqué con un cable y se apagó la pc. Se perdió el texto ese de los jardines que había escrito el otro día recordando uno del pasado, una lectura y mi propia voz.

Quiero hablar a la pantalla. Quereme. Primera versión. Quereme. Segunda versión. Algo se desvirtúa en las teclas sin sentido. En la lectura de otro capítulo. Hace unas semanas comencé un nuevo diario íntimo. Este es rosa. Como algunos de los témpanos de mi corazón acuariano. No escribo mucho. Pero algo se está yendo por ahí.

Se supone que soy un adulto. Pero no lo soy. Soy una niñita asustada que por fin tiene su casa de muñecas y se ahoga con la vida. Quereme. Tercera versión. Hay una luz en tu ventana pero en tu sombra está mi amor acompañada. Yo reescribo las canciones. O escucho otra versión. O tengo frío y quiero que sean más felices. Como un musical. O la canción que dice algo de Baltimore con la que me siento identificadx. O un baile desenfrenado que no existe.

No importa. Ya no hay lectorxs de todo esto. No creo que queden tantas entradas en este diario. Ya lo estoy traicionando al incrustar canciones. Ya hace un tiempo. Tengo que empezar otro diario. O escribir en mi cuaderno rosado de niña que sueña con que se terminen sus días.

Amor Puto XI

Mi narración está alterada. Ya no sé qué escribo. Hay dias que no escribo y otros que quiero retomar mi novela y volver a escribir y escribir y escribir. Escribirte todo el tiempo a vos como si vivieramos bailando en una canción de un musical en el que todos terminan besándose. Me miro al espejo y estoy agotado. Si sobrevivo, soy tuyo por siempre. Cuando me abrazás, cierro los ojos, escucho música y sonrío. Ya no importa el cansancio. No importa que escriba horrible o no despierte lágrimas en los ojos ajenos. Moverme con tu cara en mi recuerdo. Creo que escuché un ruido, debe ser que llegaste. Ganas. Ganas, besos y abrazo. Te extrañé.

Amor Puto X

Quiero ser santa. Quiero ser. Borro y decido volver a escribir. Me saco los anteojos y los rompo. Sangre en el cristal que cruje bajo mi pie. Una canción que parece terminar y no termina. Mi voz que parece voz de hombre. Ganas de romper el universo con un dedo filoso. Meter el dedo en el interior. Me meto el dedo mientras me mirás. Olvido mi nombre. Ya no tiemblo. Quiero volver al relato. Olvidarme. El sujeto que se abrió como una flor vuelve a rajarse y en su lugar surge una mariposa. Rosa. Chillón. Amor. Ya no me meto más el dedo yo. Ahora metémelo vos. Despacito. Cambiemos. Ahora me toca a mí.

Amor poronga

Tengo ganas de escribir para decirte que te amo. Hay una canción parecida a eso. Te amo, te amo hasta las lágrimas. Te amo y no hablo ni escribo ni sueño. Sólo te amo. Cursi, de colores y lleno de cosas. Te amo con pija emierdada y con fist fucking. Te amo con cagalera y dolor de panza. Te amo cuando sonreís y cuando llorás o cuando escapás y llorás en otra parte. Te amo cuando me abrazás y me decís. Te amo cuando hablás. Cuando me mirás. Cuando comés. Te amo gorda y tragona. Te amo petera y te amo malhumorado. Te amo cuando me voy y te extraño. Te amo cuando me abrazás mientras dormimos. Te amo cuando bailás. Te amo fresca y te amo poronga. Y ya no sé qué escribir ni como terminar y mejor dejo de escribir y termino y te escribo y te digo y te amo.

Leche

El líquido blanco chorreaba lentamente, el cuerpo de carne lo miraba, anhelante, quería sentir su sabor, olerlo y cerrar los ojos, placer. El cuerpo había dejado de comer, no recordaba su nombre, sólo un sonido, un recuerdo, un eco, algo. Una sombra de color verde que no tenía nada que sentir. El líquido blanco seguía goteando, alguien había escupido y el deseo del cuerpo creció, el anhelo lo hacía temblar, lo sacudía. El cuerpo se tocó entre las piernas y sonrió. No tenía recuerdos, era sólo un cuerpo, carne que anhelaba el líquido, carne que temía que el líquido se enfriara, cuerpo, angustia de la posibilidad de frío. Calor ante la otra posibilidad, llenarse de líquido blanco y caliente, olvidar el recuerdo verde y retomar el placer. El cuerpo se acercó al líquido que goteaba. El líquido blanco. Gruñió y pasó la lengua esponjosa. Y se llenó de placer, ganas y satisfacción. El líquido ya no está. El cuerpo tampoco. Se esfumaron. Como la posibilidad del placer. Como la risa que nunca llegó.

Citando

Estoy leyendo y se me revienta el cerebro. Por eso no escribo tanto. Escribo pero otras cosas. Así que voy a citar. Hace unos días leí una frase re flashera que me gustó que decía “Serás heterosexual o no serás”. Y hoy estaba copiando citas y encontré esta: “Los discursos de la homofobia, sin embargo, no pueden ser refutados por medio de argumentos racionales (aunque muchas de las proposiciones individuales que los constituyen sean fácilmente refutables); sólo es posible resistirlos. Sucede esto porque los discursos homofóbicos no son reductibles a un conjunto de proposiciones con un contenido de verdad determinable que pueda ser analizado racionalmente. Los discursos homofóbicos funcionan más bien como piezas de estrategias más generales y sistemáticas de deslegitimación. Si hay que resistirlos, debemos hacerlo estratégicamente -es decir, combatiendo una estrategia con otra.” La cortita creo que es de Monique Wittig. Creo. La otra es de David Halperin.

Soy el hijo

Cómo me gusta ser hijo. A veces, las lágrimas no tienen nada que ver con la tristeza. Tienen que ver con sentirse comprendido. Con ser un príncipe. Con encontrar otro príncipe. Con devenir niño sin haber dejado de serlo. Con romper mi corazón y encontrarlo sano y en el mismo lugar. Con sentirte mientras duermo. Con un momento mágico que apenas comprendo. Con olvidar. Con sanar. Con sonreír y disfrutar un cielo cubierto de nubes que me elevan.

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Esperar la embestida

Esperar la entrada. Del amante. Esperar el cuerpo ajeno. Desconocido. Cubierto de sudor. De vientres y barbas. De colores ajenos. De suspiros y gemidos. Esperar la entrada del otro. De lo que nos separa del abismo. Nos cubre de líquido y sonrisas. Dientes separados y una lengua que gime. Música superficial de dos cuerpos cubiertos de raspaduras uniéndose. Barba y labios adoloridos. Esperar la embestida. Querer la embestida. Buscar la embestida. Entrar. Y acabar juntos y cubiertos de líquido y sudor.

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Saliva

Frío. Y no estás. Otra ilusión despedazada por un cristal. Parezco escapado de un discurso rosa. Una canción me despierta y me recuerda. Me llaman con el nombre que no esperaba. Y sonrío. Me saco los anteojos. Te miro. Me gustaría abrazarte. Alejar la tristeza. Alejar el universo. Escribir una carta y que llegue a tus manos. Mirar al pasado y olvidar que me besaron y la saliva se secó. Volver a la habitación y mirar en el interior. Descubrir que fui sólo un beso profundo y saliva insignificante.

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